SESIÓN 1
Cuestión de Género.
VIDEO INTRODUCCIÓN
¿Cómo abordamos la cuestión de género en la iglesia frente a la imposición política del tema?
Los primeros hablan de estudios de género usando la perspectiva de género (lo que se espera para un hombre o una mujer, según la sociedad considerada) en el campo de las ciencias sociales y negando que se quiera ir más allá. Ellos hablan de “equidad” e iguales oportunidades, todos predicamentos con los que coincidimos, pero no coincidimos con la valoración de las causas ni la metodología que quiere implementarse.
En lo discursivo se habla de mujer subyugada y hombre dominador por el patriarcado dominante y de la necesidad de defender a la mujer (aunque se emplea la palabra género para que pueda usarse en un sentido mucho más amplio e incluya a todas las minorías sexuales), claro está repudiando cada uno de los valores socialmente aceptados por nuestra sociedad y sostenido por nosotros, el pueblo de Dios, a saber: matrimonio heterosexual, familia con mamá y papá e hijos criados según la moral de cada hogar. Pregonan el “de-construir” o “destruir” la sociedad tal como la conocemos, como si fuera la única manera de ayudar a la mujer.
Nunca se trata el alejamiento de Dios y de los valores morales como causas de la degradación del ser humano, tampoco la desintegración familiar debido al divorcio, mucho menos la existencia de los hijos en edades formativas sin guía de los padres porque ambos trabajan o uno de ellos ha abandonado el hogar para formar otro vínculo. Tampoco de la realidad del abuso hacia los niños de múltiples maneras, de la violencia institucionalizada y presente en los medios masivos a los que están expuestos desde que son muy pequeños, nada de eso se combate sino que se ataca frontalmente a la familia basada en el vínculo heterosexual como objetivo para destruir. En lugar de ayudar a la familia a vivir conforme al plan de Dios quieren echarla abajo.
Los que preconizan este “nuevo modelo” saben que para lograr el objetivo de “destruir o de-construir” la familia necesitan el libre acceso a los niños por medio del sistema educativo, a fin de impartirles una visión totalmente diferente a la sustentada en el mundo occidental durante muchísimos siglos. Necesitan “adoctrinarlos” según su perspectiva del mundo, de otro modo su falaz discurso no hallará cabida en los adultos formados con valores cristianos.
Los que propugnan este modelo saben que la ‘heterosocialización’ ocurre en los primeros años de vida, entonces, los defensores de la diversidad sexual quieren enseñarles a los niños que todo es válido y que el amor se puede dar entre dos hombres, dos mujeres o lo que fuere. Así crecerán en un mundo ‘abierto’ a toda forma de diversidad sexual logrando con su comportamiento de pecado al alejamiento del Dios Santo.
La educación sexual que se impartirá desde el Estado en los colegios, comenzando en el jardín de infantes, de manera transversal y a lo largo de todos los años de instrucción formal implica no el conocimiento de la anatomía o de los métodos de anticoncepción sino la apertura a la diversidad sexual en la que todo comportamiento es igualmente positivo (al menos en los colegios públicos, por el momento). La heterosexualidad no sería mejor que la homosexualidad o el travestismo y, la transexualidad sería una especie de ‘liberación’ de siglos de opresión y no una enfermedad mental.
Nota para reflexionar: A las minorías sexuales se las suele llamar ‘sexualidades no hegemónicas’; en vez de llamarles simplemente minorías. Este recurso lingüístico tiene impacto por el poder de las palabras. Parecería que son más de los que realmente conforman estos grupos, a la vez que serían los que no ostentan el poder cuando en realidad se valen de todos los recursos para callar a quien piense diferente. La expresión “no hegemónicas” suena lindo y para nada amenazante, pero basta con pronunciarse en contra de sus postulados para que hagan una apología a su victimización y a que toda disensión de opinión es discurso de odio. Por otra parte, lo que ahora es minoría podría cambiar con el tiempo porque la visibilización del tema podría hacer que muchos más se agregaran a esos colectivos, sobre todo los niños si se les enseña que pueden elegir qué quieren ser. El último versículo del primer capítulo de Romanos nos hace pensar en cómo el mal crece cuando se alientan los comportamientos errados.