INTRODUCCIÓN

Sexualidad y guerra espiritual

Génesis 1:26 nos enseña: “Entonces dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza…”.

Es necesario meditar qué significa poseer la semejanza de Dios. De hecho ningún otro ser creado tiene este privilegio. Para muchos comentaristas la expresión se refiere al reflejo de la gloria del Señor. En estado perfecto la gloria era excelsa, pero a causa del pecado la misma fue estropeada. La perversidad, el odio, los asesinatos, envidias y malos deseos opacaron y desvirtuaron cada vez más la imagen de la gloria de Dios en el ser humano.

La intención de Satanás es estropear todo lo que a Dios le lleve gloria, todo aquello que lo honre o manifieste su semejanza. Por ello está empecinado en destruir a la humanidad porque al verla observa el reflejo de la gloria de Dios. Cada pecado opaca su gloria y desvirtúa su semejanza.

Dios ha diseñado la sexualidad como una dimensión para que le lleve honra, pues ha de manifestar valores positivos y en consonancia con Su carácter: amor, pureza, fidelidad, ternura, bondad, dominio propio, castidad, santidad, obediencia a su Palabra, entrega, respeto, abnegación, unidad y otros valores semejantes. La Biblia apela a la unión de un hombre y una mujer en el comienzo de la historia. Todo se inicia con esa pareja de esponsales y termina del mismo modo, con la reunión del Novio (Cristo) con su Novia (la Iglesia). En la Biblia se compara la relación de Dios con su pueblo como la de los esposos y el libro de Apocalipsis culmina exclamando a la promesa de Cristo de que viene pronto: “El Espíritu y la novia del Cordero dicen: ¡Ven!…”, Apocalipsis 22:17 (PDT).

Cuando alteramos el diseño de Dios para la sexualidad en vez de honrar al Señor le rendimos culto al diablo, hacedor y artífice de toda maldad. Génesis 2:24 dice: “Por tanto, dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán una sola carne”. El diseño de Dios es el matrimonio heterosexual para toda la vida y la castidad absoluta fuera de ese tiempo. Cada vez que alguien estropea el plan de Dios es el diablo el que recibe adoración.

1ª Corintios 6:18-20 dice con meridiana claridad: “Por eso os digo que huyáis del pecado sexual. Además, ningún otro pecado afecta como éste al cuerpo de una persona: quien comete un pecado sexual, contra su propio cuerpo peca. Tened presente que no os pertenecéis a vosotros mismos, sino que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo que habéis recibido de Dios. Dios os compró pagando el gran precio de la muerte de Cristo; por eso, servíos de vuestro cuerpo para glorificar a Dios”, (CST-IBS).

En la presente sesión analizaremos las consecuencias del pecado sobre la creación centrándonos específicamente en el aspecto de la sexualidad y someramente en la relación hombre-mujer.

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