SESIÓN 3
Educación sexual para niños sin ideología de género.
VIDEO INTRODUCCIÓN
La educación de los niños.
La sexualidad constituye un bastión para el enemigo de nuestras almas. Si bien ha sido un área creada por Dios, también es menester reconocer que es la causa por la cual muchos cristianos se apartan del Señor o lo ofenden gravemente al incurrir en pecados sexuales. Recordemos el consejo de la Palabra en 1ª Corintios 6:18: «Así que, huyan de los pecados sexuales. Todo pecado que un hombre comete queda fuera de su cuerpo, pero el que comete inmoralidad sexual peca contra su propio cuerpo… templo del Espíritu Santo», PDT.
El pecado es el final del camino, pero la raíz siempre es más profunda y está más atrás en la historia de vida. De ahí la importancia de la enseñanza durante la niñez.
Los años formativos y tiernos en la vida de los niños son increíblemente trascendentes, más de lo que imaginamos. Proverbios 22:6 dice: “Educa a tu hijo desde niño, y aun cuando llegue a viejo seguirá tus enseñanzas”, BLS. En otras versiones puede apreciarse el significado con otros matices: “Enseña al niño a ser honesto y cuando sea adulto no dejará de serlo”, PDT. “Muéstrale al niño el camino que debe seguir, y se mantendrá en él aun en la vejez”, BLA.
¿Será verdad que si enseñamos a los niños los caminos del Señor, cuando son pequeños, ellos no se apartarán? ¿Por qué entonces vemos tantos hijos descarriados cuando sus padres son cristianos o al menos uno de ellos lo es?
En este punto debemos decidir si creemos a la Palabra de Dios o, lisa y llanamente, no creemos. Pero dada la lucha actual para que los niños reciban educación sexual “con diversidad sexual” puede verse que la Palabra de Dios tiene muchísimo peso. Quieren acceder a los niños para implantar un estilo de vida totalmente diferente al que pregona la Palabra de Dios.
Suponiendo que creamos al precepto bíblico. Entonces, ¿por qué delegamos, relegamos o directamente suprimimos el rol formativo en nuestros hijos en un área tan trascendental como la sexual?
Los padres cristianos se preocupan para que a sus hijos no les falten “bienes” pero no se esfuerzan del mismo modo para que conozcan los caminos del Señor, lo amen de corazón y se relacionen con el Señor de manera personal y creciente. ¿Por qué lo decimos? Tenemos 25 años de ministerio pastoral y vemos que el problema de los niños son sus padres. La mayoría no asume un rol formativo importante, pero cuando las cosas se ponen muy difíciles en casa los traen a la iglesia para “que los arreglen”; para que otros se hagan cargo de lo que ellos no hicieron. Otros, por vergüenza o por apariencia esconden los problemas con sus hijos o disimulan sus fallas de carácter como una forma errada de amar. Al pasar el tiempo sus hijos revelan lo que en oculto fue creciendo. Se ignoró la raíz, ahora no se pueden cortar las ramas esperando que cambie la naturaleza del árbol.
Cuántas veces vemos a padres o abuelos que aman al Señor con hijos o nietos totalmente apartados, viviendo la vida conforme al mundo pero sin la más mínima consciencia de Dios. Algunos de esos hijos o nietos dicen creer en Dios pero con sus hechos lo niegan, ofendiendo su santidad. ¿Qué pasó?
La respuesta es que Dios no fue el centro de esos hogares y lastimosamente decimos que actualmente Dios no es el centro de casi ninguna familia cristiana. Claro que los que sostenemos ser cristianos creemos en Dios, lo servimos, vamos a la iglesia y estamos involucrados en distintos aspectos de Su obra, pero Dios no es el centro. Dios no es el único centro de nuestros hogares y de nuestras vidas sino, algo más entre tantas cosas. Tenemos a Cristo relegado a “los momentos de iglesia”, pero sin encuentros frecuentes con la presencia del Señor, sin altar familiar diario, sin cuidar todos los aspectos de la vida y cada instante del día con la conciencia de que el Espíritu Santo está presente entre nosotros. En definitiva, hemos dejado a Dios pero, ¡claro que mantenemos el espíritu pedigüeño!, pues cuando las cosas andan mal aparecemos ante Dios para pedirle que nos arregle todos los problemas y, si no lo hace, nos enojamos. ¡Qué caraduras que somos!
Muchas familias cristianas viven como el mundo de lunes a sábado y la única diferencia es que un par de horas los domingos y, eventualmente otros días de la semana, se reúnen en la iglesia, pero sin visos de transformación, sin temor de Dios, sin tomar la vida espiritual como lo más importante. En vez de ir al club van a la iglesia pero sin experimentar crecimiento espiritual ni parecerse cada día, intencionalmente, más a Cristo. Cuántas veces los padres hablan cualquier cosa, critican sin miramiento, celan, envidian y despotrican igual que sus vecinos inconversos o eligen el pecado mientras sus hijos pasivamente observan cómo dicen algo y hacen exactamente lo contrario. El hogar no es remanso de paz sino que las discusiones están presentes todos los días y los malos tratos requieren, incluso, de asistencia profesional. ¿Dónde ha quedado Dios?
Y por haber dejado a Dios el mal ha crecido. No solo que los hijos de muchos creyentes siguen al mundo sino que el avance del mal a nivel social indica que la iglesia ha perdido impacto. La iglesia no tiene influencia en el mundo porque el mundo tiene demasiada influencia en la iglesia. El efecto nocivo y sostenido de los que abiertamente se oponen a Dios y a los creyentes es una de las consecuencias de la pérdida de poder, pasión y santidad de nosotros, los cristianos.
Comprendemos que este discurso puede resultar fuerte y hasta confrontativo. Nuestro anhelo no es ofenderlos, pero tampoco acariciarlos mientras sus familias son robadas por el enemigo. Jesús nos enseñó la importancia de velar, ¡y eso debemos hacer!
No queremos que cada quien mire a los hijos de otros creyentes y diga: “a él le salió bien, espero que los míos salgan bien también”, cruzando los dedos como si fuera cuestión de azar. ¡Vamos a luchar espiritualmente por nuestras familias! ¡Vamos a devolverle al Señor el control absoluto de la atmósfera de nuestros hogares! ¡Vamos a honrarlo con devoción sentida y a vivir para agradarlo, sin importar que estemos en la iglesia, la casa, la universidad, el trabajo o el supermercado!
Si arribamos a la conclusión de que hemos fallado y estamos fallando a la hora de cumplir con el mandato bíblico de “educar a los niños en el Señor”, entonces estaremos en condiciones de remediar la situación. Con esa finalidad esta sesión los desafiará a comprometerse en el hogar y en la iglesia a cambiar la realidad.
En vez de analizar las formas con las que el diablo busca destruir a nuestros hijos (por medio de la ideología de género) vamos a desbaratar todos sus planes con el poder de la oración intercesora, con ayunos y con el compromiso diario de forjar en nuestra familia adoradores en espíritu y verdad. Esta es y ha sido la historia de la iglesia. Independientemente de que haya leyes favorables o adversas a nuestros principios podemos ser revolucionarios a favor de la vida, la familia y los valores que pregona la Palabra de Dios.
¡Cuántas veces hemos oído mensajes o leído acerca de la promesa de Dios a Abraham!: “Con tus descendientes voy a formar una gran nación; voy a bendecirte… y serás una bendición para otros”, Génesis 12:2 (DHH). Pero la pregunta que surge es cómo fue posible. ¿Acaso Abraham se sentó y espero pasivamente a que se cumpliera la Palabra? La Biblia nos revela todos los detalles. Dios mismo nos corre la cortina para mostrarnos el compromiso de Abraham con la promesa que había recibido. En Génesis 18:19: “Porque yo sé que mandará a sus hijos y a su casa después de sí, que guarden el camino de Jehová, haciendo justicia y juicio, para que haga venir Jehová sobre Abraham lo que ha hablado acerca de él”.
¿Dejarás que las promesas de Dios se pierdan a causa de la pasividad e indolencia de tu propia alma? Te exhortamos de parte del Señor a levantarte a favor de las próximas generaciones. Dios te dará una recompensa más grande de la que imaginas.
En la presente sesión nos proponemos compartir qué se debe enseñar y las edades en las cuales se pueden abordar distintos aspectos de la sexualidad a fin de prevenir la ocurrencia de un abuso, generar una autoestima saludable y acompañar en el desarrollo de la propia personalidad con afirmación de su identidad en base a su sexo de nacimiento, tal como Dios los creó. La información vertida en la presente sesión es solo un eslabón de todo lo que se espera que como padres ustedes enseñen a sus hijos. No lo es todo, pero deseamos que consideren estos aspectos.
¡Con todo afecto les damos la bienvenida a una semana instructiva y de mucha bendición para las generaciones futuras!