SESIÓN 2
Desenmascarando la ideología de género.
TESORO DE LA SEMANA
Eclesiastés 4:12: «Uno solo puede ser vencido, dos pueden resistir. ¡La cuerda de tres hilos no se rompe fácilmente!», BAD.
En cada enseñanza consideraremos tres aspectos:
La revelación que es el conocimiento espiritual de la Palabra de Dios.
La instrucción o conocimiento intelectual que permite ajustar la voluntad para obedecer.
La aplicación o conocimiento empírico que se adquiere al utilizar los nuevos recursos para experimentar una realidad diferente.
Revelación: Ideología de género
“Moab… acostumbraba pagar a… Israel un tributo anual… pero… se rebeló… Entonces el rey Joram… reunió al ejército de Israel y marchó desde Samaria… Ya en camino, envió este mensaje a Josafat… “¿saldrás conmigo a la batalla…?”. Josafat le respondió: “¡Por supuesto!”… El rey de Edom… también se unió a ellos… Josafat… preguntó: — ¿Acaso no hay ningún profeta del SEÑOR con nosotros? Si es así, podemos preguntarle… qué debemos hacer… Así que… fueron a consultar a Eliseo… Eliseo respondió… “¡el Señor les dará la victoria sobre el ejército de Moab!”… Cuando el rey de Moab vio que estaba perdiendo la batalla… tomó a su hijo mayor… y lo sacrificó como una ofrenda… En consecuencia, hubo un gran enojo contra Israel y los israelitas se retiraron y regresaron a su tierra”, 2º Reyes 3:4-27 (NTV).
Moab le pagaba a Israel un impuesto anual, pero un día se rebeló y dejó de hacerlo. Joram unió fuerzas con el rey Josafat y con el rey de Edom y fueron a pelear contra los moabitas. Juntos ganaron la guerra. Sin embargo, de repente, algo insólito sucedió. El rey de Moab tomó a su hijo primogénito y lo sacrificó a su dios Quemos haciendo que Israel abandonara la tierra de los moabitas. En medio de una batalla física tuvo lugar una intervención espiritual que cambió el panorama. La adoración ofrecida por el rey de Moab inclinó el resultado de la batalla a su favor.
Solo la intervención de un ser espiritual podría explicar el abandono de Israel. Humanamente hablando era imposible que perdiera la guerra. Y aunque iba ganando, no afianzó su conquista sino que retrocedió y regresó sin botín y sin gloria. En definitiva, no ganaron porque el rey de Moab incluyó a su dios en la batalla. El trono de las tinieblas se sostiene mediante la adoración de sus seguidores. A medida que aumenta el sacrificio aumenta el poder. No es lo mismo ofrecer un animal que ofrecer un niño. El fruto de la tierra tiene un valor mínimo en el culto a los demonios. Le sigue la sangre de animales y la sangre humana: niños, vírgenes, sacerdotes, sangre de primogénitos y finalmente sangre real. El rey de Moab adoró a Satanás ofreciendo lo más precioso que tenía: su hijo primogénito. El ídolo era Quemos pero la adoración iba dirigida al dios que estaba detrás de ese ídolo, es decir, al diablo. Pablo dijo que “esos sacrificios se ofrecen a los demonios…”, 1ª Corintios 10:20 (PDT). Los mismos israelitas siguieron ese mal ejemplo y “sacrificaron a sus propios hijos… a los demonios”, Salmo 106:37 (NTV). Esta degradación comenzó con Salomón quién “…adoró a Moloc… y construyó un lugar para adorar a Quemós…”, 1º Reyes 11:5-7 (PDT).
Una vez abierta la puerta a la idolatría fue muy difícil cerrarla. Ni siquiera los reyes ‘buenos’ como Josías pudieron erradicarla completamente, ya que Ezequiel que comenzó a profetizar 16 años después de su muerte menciona que el sacrificio de niños seguía existiendo. Este acto era tan malo a los ojos de Dios que se castigaba con la pena de muerte: “Todo israelita… que entregue a uno de sus hijos para quemarlo como sacrificio a Moloc, será condenado a muerte…”, Levítico 20:2 (BAD). El sacrificio de niños está vigente hoy en día: se llama aborto. Los niños se entregan al dios aborto. ¡Los ídolos pueden cambiar de nombres pero el destinatario de la adoración sigue siendo el mismo diablo! Por supuesto que las personas no tienen la intención manifiesta de adorar al diablo, pero eso es lo que hacen. Y no solo eso sino que según Pablo tienen comunión con los demonios sin saberlo: “No se puede beber de la copa en la Cena del Señor y sentarse después en la mesa de Satanás. No se puede comer pan de la mesa del Señor y de la mesa de Satanás”, 1ª Corintios 10:21 (NT BAD). El hecho de que no sepamos que adoramos a los demonios no nos exime delante de Dios.
El sacrificio de niños es una afrenta a nuestro Dios. “No ofrezcas a ningún hijo tuyo como sacrificio a Moloc. Eso es faltarle el respeto al nombre de tu Dios…”, Levítico 18:21 (PDT). En la versión DHH dice: “No ofendas así el nombre de tu Dios” y en la TLA: “no me insulten de esa manera”. El tema de la ideología de género y el aborto es muy serio ante nuestro Dios: “Ya no puedo recibir sus cultos con agrado, pues ustedes se han relacionado con esos ídolos odiosos… siguen presentando a sus hijos como ofrendas quemadas en honor de sus ídolos malolientes. ¿Y todavía esperan que yo les dé mensajes cuando vienen a consultarme? Pues les juro que no les daré ninguna respuesta…”, Ezequiel 20:30-31 (TLA). “Ellas me fueron infieles, pues adoraron a sus ídolos malolientes. Además, son unas asesinas, pues presentaron a nuestros hijos como ofrenda a esos ídolos…”, Ezequiel 23:37 (TLA).
El principio del fin para Israel llegó cuando Moab incluyó a su dios en la guerra. ¿No podría Israel haber hecho lo mismo? ¿No podría haber incluido a Dios en escena? ¡Claro que sí! Pero ellos no supieron cómo pelear una batalla espiritual. Eran hábiles estrategas militares pero inexpertos en intervenciones espirituales. Cuando la batalla es espiritual los recursos que deben utilizarse también deben ser espirituales. Pablo dijo: “Nunca me valgo de planes ni métodos humanos para ganar mis batallas. Para destruir las fortalezas del mal, no empleo armas humanas, sino las invencibles armas del todopoderoso Dios…”, 2ª Corintios 10:3-4 (NT BAD). El rey de Moab sabía cómo pelear una batalla espiritual. Adoró a Moloc ofreciéndole una ofrenda de mucho valor. ¿Qué hicieron Joram, Josafat y el rey de Edom? Nada. Perdieron la batalla porque no emplearon los recursos espirituales necesarios para enfrentar semejante fortaleza.
En Jueces 20 se menciona una guerra entre los israelitas y una fortaleza espiritual sexual. Un levita y su concubina regresaban de un largo viaje y decidieron pasar la noche en una ciudad llamada Gabaa. Un anciano los hospedó en su casa y mientras disfrutaban de la cena algo tenebroso sucedió: “Los hombres de aquella ciudad… hijos de Belial, rodearon la casa… diciendo al… viejo dueño de la casa… Saca al hombre que tienes en tu casa, queremos tener relaciones sexuales con él”, Jueces 19:22a (RVG) y 22b (PDT). Aquellos degenerados eran hijos de Belial y Pablo aclara que Belial es Satanás: “¿Qué armonía hay entre Cristo y Belial?”, 2ª Corintios 6:15, o como lo dice otra versión: “¿Qué armonía puede haber entre Cristo y el diablo?”, NTV. ¿Te das cuenta? Aquella potestad espiritual se hacía cada vez más fuerte a medida que sus fieles seguidores le rendían adoración mediante prácticas sexuales aberrantes (recuerda que como no pudieron violar a los hombres violaron a la mujer del levita hasta que la mataron). Los israelitas solo pudieron con aquella fortaleza cuando incluyeron a Dios en la guerra mediante la adoración de sacrificio. Emplearon todos los recursos espirituales posibles: comunión, acuerdo, oración, quebrantamiento, lágrimas, ayuno y ofrenda voluntaria. Los adoradores a Dios ofrecieron una ofrenda irresistible. ¿Y cómo les fue? Salieron y derrotaron por completo al ejército enemigo, Jueces 20:35.
Jesús mismo dijo que hay potestades que no se van sino con ayuno y oración, Marcos 9:28-29. No se puede romper una fortaleza sexual y anular una maldición con recursos humanos. ¡No se puede sin Dios! La atadura no se rompe, la batalla no se gana y la bendición no llega si Dios no interviene. Joram, Josafat y el rey de Edom no hicieron nada para involucrar a Dios en la batalla. Confiaron hasta el último minuto en su poderío y habilidades militares. ¿Y cuál fue el resultado? Volvieron a casa con las manos vacías. La existencia de un reino maligno sobrenatural es una realidad y exige adoración; pero Dios nos enseña cómo enfrentar esas potestades apelando a recursos espirituales poderosos para destruir fortalezas: “Para destruir las fortalezas del mal, no empleo armas humanas, sino las invencibles armas del todopoderoso Dios…”, 2ª Corintios 10:4 (NT BAD).
Así como era humanamente imposible que Moab ganara la guerra también lo es que una pequeña minoría sexual logre cambiar la cosmovisión de una sociedad en pocos años. Sin embargo, la ideología de género se hace cada vez más fuerte. Solo si aceptamos la idea de que existe una potestad espiritual detrás de este movimiento entenderemos la razón de su influencia. “Nuestra lucha no es contra seres de carne y hueso, sino contra seres incorpóreos —malignos soberanos del mundo invisible, poderosos seres satánicos y príncipes de las tinieblas que gobiernan este mundo— y contra perversas huestes espirituales en el mundo espiritual”, Efesios 6:12 (NT BAD). Esa fortaleza es cada vez más fuerte porque se alimenta de las ofrendas que le dan sus seguidores. ¿Qué ofrenda? Entre otras cosas, la vida de los niños. El aborto es la ofrenda moderna de los sacrificios que antiguamente se rendían al dios Moloc y al dios Quemos. Existe una relación muy estrecha entre el mundo demoníaco, la perversidad sexual y el sacrificio de niños. ¿No te has dado cuenta que el eje central de este movimiento ideológico son los niños? Ya sea mediante el aborto, o como elegantemente lo llaman la interrupción voluntaria del embarazo, o el adoctrinamiento en los años de formación el objetivo son los niños. Están decididos a imponer programas de adoctrinamiento desde la infancia para crear una nueva forma de pensar que excluya a Dios y a sus preceptos en las futuras generaciones. ¿Es un movimiento en favor de los derechos humanos o es un movimiento anticristiano que limita nuestra libre expresión y forma de vida?
Lo más preocupante no es el poder de esta potestad sino lo dormida e hipnotizada que está la iglesia y la sociedad al punto de que ya no vemos con malos ojos que se debata una ley para matar niños. La sociedad está intimidada a tal grado que hasta algunos colegios cristianos por temor tranzaron con el gobierno e incorporaron contenidos que son abiertamente contrarios al diseño de Dios para la sexualidad.
Volvamos a leer el texto central de este estudio: “Cuando el rey de Moab vio que estaba perdiendo la batalla… tomó a su hijo mayor… y lo sacrificó como una ofrenda… En consecuencia, hubo un gran enojo contra Israel y los israelitas se retiraron y regresaron a su tierra”, 2º Reyes 3:26-27 (NTV). Hubo un gran enojo. ¿De quién? ¿De Dios? Imposible porque fue Él quien les prometió la victoria. ¿De los habitantes de Moab? De ninguna manera si ya había perdido la guerra. El enojo no puede ser sino del diablo. ¿No está también enojado hoy con el pueblo de Dios? Los israelitas se volvieron con las manos vacías porque se sintieron intimidados. Así trabaja el diablo. El modus operandi de esta potestad llamada ideología de género es la intimidación. El mal avanza porque los buenos hacen nada. El mundo tiene demasiada influencia en la iglesia porque la iglesia no tiene influencia en el mundo. Los creyentes estamos paralizados de miedo y callamos. El lema del enemigo es ‘lo que no se menciona no existe’. Bajo promesas de represalias los docentes temen y los líderes ya no predicamos acerca de todo el diseño de Dios. Imagínate si lo primeros creyentes hubieran hecho caso de las leyes anti Dios. ¡Ninguno de nosotros sería cristiano! Pero ellos no obedecieron la ley del hombre cuando ésta se oponía abiertamente a la ley de Dios: “Llamaron… a los apóstoles y les ordenaron que nunca más hablaran ni enseñaran en el nombre de Jesús. Pero Pedro y Juan respondieron: “¿Acaso piensan que Dios quiere que los obedezcamos a ustedes en lugar de a él? Nosotros no podemos dejar de hablar acerca de todo lo que hemos visto y oído”, Hechos 4:18-20 (NTV).
Imagínate si cada uno de nosotros en el lugar que Dios nos puso siguiéramos el ejemplo de aquellos primeros cristianos y levantáramos la voz para oponernos a esta malvada concepción ideológica que atenta contra nuestros valores y principios cristianos. Hagámoslo aunque seamos perseguidos, denostados y ridiculizados, y hagámoslo para no deshonrar a Dios: “Todo aquel que me reconozca en público aquí en la tierra también lo reconoceré delante de mi Padre en el cielo. Pero al que me niegue aquí en la tierra, también yo lo negaré delante de mi Padre en el cielo”, Mateo 10:32-33 (NTV). Somos tan cobardes como los padres del ciego a quienes los fariseos le preguntaron quién lo había sanado y ellos no dijeron la verdad por temor a que los expulsaran de la sinagoga: “Sus padres contestaron: — Sabemos que él es nuestro hijo y que nació ciego, pero no sabemos… quién lo sanó. Pregúntenselo a él… Los padres dijeron eso por miedo a los líderes judíos, quienes habían anunciado que cualquiera que dijera que Jesús era el Mesías sería expulsado de la sinagoga”, Juan 9:20-22 (NTV).
Iglesia. Estamos siendo probados. Nuestro gran Dios nos observa. ¿Cómo reaccionaremos frente a esta filosofía de muerte que se ha levantado para arruinar el plan de Dios en nuestras familias? ¿Seguiremos impávidos, escondiendo la cabeza, tratando de proteger nuestro pellejo y colaborando con los propósitos del diablo o nos comprometeremos con la causa de Cristo velando con recursos espirituales por nuestras familias y advirtiendo a la sociedad que un manto de oscuridad se cierne sobre nuestras naciones? Nuestra actitud demostrará cuánto honramos a Dios.
Debemos comprometernos con Dios y ser fieles a su mensaje. Que la voz de la trompeta suene clara para que nadie esté confundido. Basta de ser discípulos mudos. Hagamos conocer la voluntad de Dios claramente y al igual que aquellos israelitas que enfrentaron con éxito aquella potestad sexual apelemos a las armas espirituales de la oración, la unidad, el quebrantamiento, las lágrimas, el ayuno y la ofrenda. Perdamos el miedo, alcemos bien en el alto el nombre de Dios y gritemos: ¡a la batalla con recursos espirituales!
Instrucción
Existe una constante en aquella primera iglesia: ¡se reunían para orar en el aposento alto y salían a las calles para compartir la fe! Los creyentes mudos cooperan con el propósito del diablo que es SILENCIAR el plan de Dios: “Para evitar que sigan divulgando su propaganda aún más… llamaron… a los apóstoles y les ordenaron que nunca más hablaran ni enseñaran en el nombre de Jesús”. Pero Pedro y Juan respondieron… Nosotros no podemos dejar de hablar acerca de todo lo que hemos visto y oído’”, Hechos 4:17-20 (NTV). ¿Quiénes eran estos religiosos que perseguían a los primeros cristianos? Los mismos que persiguieron y mataron a Jesús, verdaderos hijos del diablo: “Pues ustedes son hijos de su padre, el diablo, y les encanta hacer las cosas malvadas que él hace…”, Juan 8:44 (NTV).
Nota: los hijos del diablo no les exigen a los primeros creyentes que dejen de hacer milagros (ni siquiera los cuestionan) o que renuncien a la fe sino QUE NO LA COMPARTAN: “Estaban sumamente molestos porque Pedro y Juan enseñaban a la gente”, Hechos 4:2 (NTV). El diablo no se molesta cuando profesamos nuestra fe de puertas hacia adentro pero ‘se brota’ cuando salimos a la calle y nos convertimos en mensajeros del amor de Dios. Por lo tanto, ¡hagamos que el diablo pierda y Jesús se alegre!
Aplicación
La estrategia del diablo para silenciar a la iglesia es la misma de siempre: utiliza la intimidación. Satanás detrás de Faraón intimidó a las parteras para que mataran a los bebés, bajo pena de muerte. La harpía Jezabel amenazó a Elías con una muerte pronta y segura. Este titán de la fe huyó ante el poder espiritual que se desató tras la intimidación. No es para minimizar el poder de la intimidación. Elías necesitó cuarenta días de ayuno para vencer esa fortaleza. En el Nuevo Testamento Timoteo estaba intimidado y Pablo tuvo que reconvenirlo en este aspecto. En vez de minimizar el poder de la intimidación, acudamos a la presencia del Señor y batallemos con armas espirituales.
El discurso humanista de esta corriente ideológica que se viene permeando en la sociedad, más allá de que exista una ley específica o no, suena lindo con sus términos de pluralismo y respeto, pero su verdadero plan es erradicar a Dios y a su iglesia. No se trata de defender los derechos de ciertas minorías sino de erradicar los principios sostenidos por la Palabra, que Dios sea deshonrado y que la iglesia sea oprimida por sus adversarios. La iglesia constituye el único escollo para la ideología de género, así como para todos aquellos que se oponen manifiestamente al Señor. En la lucha espiritual detrás de los eventos que presenciamos no están los supuestos derechos de algunas minorías sino el exterminar el nombre de Dios en la sociedad. La guerra es contra Dios. No olvides que el diablo es un artífice de la mentira y la simulación. Dios busca adoradores, el diablo también. El sacrificio de niños y la perversidad sexual constituye la adoración a los demonios.
Existe un ataque implacable y feroz en contra de la santidad, castidad, virginidad y el matrimonio como vínculo permanente. La inmoralidad sexual es una ofrenda a Satanás, sin importar quién practique dichos actos; ya sea un ateo o un cristiano. La práctica de la sexualidad más allá de los límites establecidos por Dios constituye una puerta abierta y una adoración al mismísimo infierno. Es posible que la gente no tenga la intención de adorar al diablo mientras participa de relaciones sexuales ilícitas, pero lo hace. Las consecuencias físicas de una sexualidad libertina son nada cuando se las compara con los efectos espirituales. ¡Aléjate de la inmoralidad ahora mismo y emprende el camino de la santidad! “Dios quiere que ustedes sean cada vez más puros, que se mantengan alejados de la inmoralidad sexual y que cada uno aprenda a controlar su cuerpo. Es decir, que usen su cuerpo de una manera que lleve a la pureza y honre a Dios…”, 1ª Tesalonicenses 4:3-4 (PDT).
¡Lucha por tu familia! ¡Aférrate a tu integridad! ¡Reprende la intimidación y predica del Señor! Si tú no lo haces, ¿quién lo hará?