¿Pueden prevenirse muchas crisis de los adolescentes?

¿Pueden prevenirse muchas crisis de los adolescentes?

Es difícil dar una respuesta exacta, pero determinados factores podrían disminuir el riesgo de problemas en la adolescencia e incluso en la vida adulta. Estos son:

1. Padres sanos. Malos comportamientos por parte de los padres podrían tener un impacto devastador en sus hijos. “Las familias que ocultan secretos horribles producen, no siempre, pero en un gran porcentaje, niños problemáticos. A veces esos secretos no son tan dramáticos como el incesto, el acoso u otras formas de abuso. En ocasiones tienen que ver con emociones enfermas, rabias incontroladas, depresiones no tratadas o una actitud de crítica implacable. La enfermedad emocional de los padres, con frecuencia, es la raíz de todo comportamiento autodestructivo o adictivo de sus hijos”.

2. Padres informados. ¿Sabes que están estudiando tus hijos en el colegio? Tienes el derecho de fiscalizar lo que están recibiendo en la escuela. Infórmate acerca de los seminarios y quienes los dictan. Participa en las reuniones para padres e involúcrate en las cooperadora. Si no existe representación cristiana en dichas áreas, otras personas, quizás con intereses anticristianos, serán capaces de influenciar en la comunidad docente para mal, cuando podría haberse evitado. No temas hablar con los maestros de tus hijos cuando alguna cuestión te preocupa.

3. Padres que escuchan. No hay mejor halago que ser escuchado con atención. Los padres deben ganarse el derecho de ser consejeros de sus hijos escuchándolos con todos los sentidos. Escucha qué dicen y qué no dicen. Escucha entre líneas. El cortocircuito que suele haber en la comunicación comienza cuando los padres no prestan atención a las necesidades emocionales y personales de sus hijos. Y cuando quieren restablecer esa relación en la adolescencia, suele ser tarde. No ser escuchado puede convertirse en una fuente de dolor consciente o inconsciente que puede dañar y erosionar las relaciones familiares. Por lo tanto, escucha con amor y hazle saber a tus hijos que ellos valen por lo que son y no por lo que hacen.

4. Padres que afirman. Afírmalos en sus fortalezas y ayúdalos en sus debilidades. Don Schmierer, en su libro Una pizca de prevención, nos recuerda que Dios Padre habló audiblemente tres veces en el Nuevo Testamento. “En cada una de esas ocasiones habló acerca de su Hijo, y la voz fue escuchada por quienes estaban a su alrededor. Después de que Jesús fuera bautizado por Juan en el río Jordán, Dios el Padre dijo: “Tu eres mi hijo amado, en ti tengo complacencia”, Marcos 1:11. En el monte de la transfiguración, Dios el Padre dijo: “Este es mi hijo amado, a él oíd”, Marcos 9:7. Antes de la crucifixión, cuando Jesús oró: “Padre, glorifica tu nombre”, Dios el Padre contestó: “Lo he glorificado, y lo glorificaré otra vez” (a través tuyo), Juan 12:28. Dios permitió que el mundo entero supiera que la vida de Jesús había llenado sus expectativas y había provocado que su nombre fuera glorificado. El padre perfecto e ideal, Dios, afirmó a su Hijo, y lo hizo públicamente. Si el Padre estimó como algo importante el afirmar a su Hijo en forma audible, aun cuando este hijo estaba en sus treinta, ¿qué podemos decir de nosotros mismos? Nosotros, los padres terrenales, debemos afirmar a nuestros hijos durante toda su vida”.