Sana tus viejas heridas

Tuve un padre maravilloso (escribe José Luis). Conservo recuerdos preciosos de él. Ha sido un ejemplo para mí. Fue un papá cariñoso, cercano y proveedor. Siempre tenía tiempo para jugar conmigo y me llevaba a pasear todos los fines de semana. Me orientaba a tomar buenas decisiones y me ayudaba con las tareas del colegio. Estuvo presente, incluso, cuando cursaba mis estudios universitarios. Cada vez que me encerraba en mi habitación para estudiar, él me acompañaba cebándome algunos riquísimos matecitos. Estos pequeños gestos han quedado grabados para siempre en mi memoria.
Quizás tu experiencia haya sido muy diferente. Probablemente tuviste un padre odioso, abusivo, mezquino y ausente. Quizás creciste en medio de una atmósfera de insultos y peleas y nunca te sentiste aceptado ni protegido. Quizás tu padre haya sido demasiado duro y nunca hayas estado a la altura de sus expectativas. Probablemente te sentiste rechazado e intentaste lograr su aceptación haciendo cosas para él. ¿Necesitas una “sobredosis” de gestos y palabras cariñosas de la gente para sentirte bien? Si tu respuesta es “sí”, esto indica el dolor de tu alma.
La buena noticia que tenemos es que no es demasiado tarde. No importa cuán doloroso haya sido tu pasado, Dios puede darte un nuevo comienzo. Dios puede restaurarte. Él puede rectificar el curso de tu vida para que llegues a ser todo lo que Dios quiere que seas. Definitivamente puedes ser libre de aquellas desafortunadas experiencias del pasado. Ya no necesitas vivir con temor porque Dios te cuidará en todo momento. Ya no necesitas probar tu valor haciendo cosas para lograr aceptación. Él es amoroso, bueno, perdonador, generoso, paciente y fiel. Él no te abandonará. Nunca será grosero contigo. Te amará siempre, todo el tiempo. Con Dios puedes iniciar una relación saludable de amor y cuidado. Él enderezará lo que se haya torcido. Confiarás en Él como nunca pudiste hacer con tu papá terrenal. Él es honesto y confiable. ¡Él es un padre bondadoso!
Cuando David derrotó a Goliat, el rey preguntó al general del ejército: “¿Quién es el papá de este muchacho?”, 1º Samuel 17:55 (PDT). El jovencito había matado al gigante y conquistado la victoria para toda la nación; el pueblo estaba eufórico y la gente vitoreaba su nombre y lo único que parece interesarle al rey es quién era su padre. Como nadie podía dar respuesta a su inquietud, el rey tuvo que preguntarle personalmente: “Muchacho, ¿quién es tu papá?”, versículo 58. Y la respuesta de David revela honra: “David le contestó: —Soy hijo de tu siervo Isaí, de Belén”. ¡Qué orgulloso se sentía David por ser hijo de Isaí! Es muy probable que una de las razones por las que David enfrentara a Goliat fuera por amor a su padre. Lo había visto tan preocupado a causa de que sus hermanos estaban en la batalla que decidió hacer algo para aliviar su angustia. Si te preguntaran quién es tu papá, ¿podrías levantar la cabeza y decir con orgullo como David: “Mi papá es….”?
Es probable que si la relación con tu padre no fue buena, tu voz no se escuche con claridad. Si sufriste abandono, abuso o maltrato quizás no puedas decir con orgullo quién es tu padre. Si no sentiste el cariño y el cuidado amable de un padre bondadoso necesitas experimentar por primera vez un padre diferente. No te preocupes. Todavía hay esperanzas. No es demasiado tarde. Hoy mismo comenzarás a experimentar la restauración. Dios cerrará esas heridas y comenzarás a vivir tu vida como alguna vez la soñaste. La paz llegará, la alegría se extenderá y vivirás en abundancia. Dios cortará el circuito de dolor y te traerá libertad. Basta ya de estar amargado. Basta de culpar a otros. Basta ya de preguntarte el porqué y, basta ya de dudar de Dios. No trates de entender lo que sucedió. El rechazo que experimentaste en el pasado ya no te daña. Las maldiciones sobre tu vida quedan sin efecto. Los mandatos familiares de destrucción se anulan. Los sentimientos de inseguridad se van. El temor a no ser querido o, el miedo a no formar una familia mejor de la que tuviste, se disipan en el poderoso nombre de Jesús. No eres un fracaso. No hay nada malo en ti. Tu autoestima mejorará. Tus capacidades crecerán y tus talentos se desarrollarán. Tus sueños se cumplirán.
Renuncia al rencor. Libérate de la desconfianza. Aléjate de los sentimientos de venganza. Perdona a tu padre. No permitas que el dolor por el rechazo condicione tu futuro. Hoy es el día de tu sanidad. Hoy comienzas una nueva relación de amor con tu papá Dios. Él es especial. Él te ama. Él te cuidará como nunca nadie lo ha hecho. No te mentirá, no te defraudará ni te golpeará. Estarás seguro en sus brazos. Te sentirás aceptado y protegido. Él te bendecirá abundantemente. Te elevará por encima de tu dolor. Te conectará con personas correctas y te guiará a tomar decisiones acertadas. Por último, estará a tu lado para quedarse; sí, Él nunca te abandonará, nunca te dejará y nunca te rechazará.