La mujer tiene menos interés sexual que el hombre. Falso

La mujer tiene menos interés sexual que el hombre. Falso

Ada se acercó para preguntar si sus mareos y náuseas podían relacionarse con problemas hormonales propios de la edad. Había consultado a distintos especialistas y nadie pudo descubrir la etiología de su mal que, llamativamente, se asociaba con la actividad sexual. Cada vez que estaba con su esposo aparecían síntomas que la llevaban a interrumpir por semanas, y aun meses, la intimidad matrimonial. Manifestó que en cada encuentro disfrutaba y llegaba al orgasmo, que no veía problemas con su performance sexual y que todo estaba relativamente bien en la cama.
Empezamos a indagar en la relación marital fuera del dormitorio y allí estaba la clave. Su esposo la trataba de manera despectiva. La llamaba “mujer de la calle”, “mujer de mil hombres”, aunque había sido el único en la vida de ella. Era celoso, posesivo e infiel. Juró muchas veces cambiar, pero nunca ocurrió.
Ada terminó su relato entre lágrimas, diciendo: “en realidad ya no lo quiero, no lo deseo. Si no podemos vivir juntos en paz, prefiero que se vaya, pero él no quiere…”. Si bien disfrutaba de la sexualidad, su propio cuerpo buscó una manera de boicotear la intimidad.

La mayoría de las personas que nos rodean entrarán y saldrán de nuestras vidas, incluso nuestros hijos, mucho antes que nuestro cónyuge, con el cual llegaremos juntos hasta la misma tumba. La Biblia dice: “¡Ánimo!… puesto que Dios nos ha dado una corta vida en este mundo, disfrutemos de cada momento con la persona amada”, Ecl. 9:9 VLA. Si no comprendemos la naturaleza del abrazo matrimonial, nuestra vida estará despojada de la alegría y el descanso que significa compartir las cargas de la vida. Como dice María Ladi Londoño: “la energía involucrada en el placer y armonía sexual nos genera fuerza para mover el mundo”.5 ¿Por qué vivir empobrecidos por una actitud equivocada?
No desaproveche su vida. Pelee por lo mejor. Luche por ser feliz.
Comience hoy mismo orando por su matrimonio y la sexualidad en pareja. Bendiga a su pareja y recuerde que un problema compartido es un medio problema. No cargue con toda la responsabilidad usted solo.
Sincérese. No revoque su dolor, ni finja algo que no siente. Eso terminará matando el amor. Busque la mejor manera de expresar a su cónyuge lo que está sintiendo. Si lo estima necesario, pida ayuda a un consejero maduro o un profesional en el área. No se resigne. No baje los brazos aceptando la amargura. Recuerde que la sexualidad es para vivirla, no para sufrirla.
Finalmente, sazone todo con fe auténtica, que es el ingrediente secreto para un buen matrimonio.

En el caso que relatamos, Ada le compartió a su esposo la intención que teníamos nosotros de hablar con los dos, ya que la dificultad de la intimidad era un problema compartido. Él, como era de suponer, se negó. Ella bajó la cabeza, tragó su amargura y dejó que una lágrima más rodara por su mejilla para perderse en un mar de silencio y resignación.
No permita que esto le ocurra. Cambie su historia. Sólo usted puede hacerlo.