De un fracaso sentimental, uno nunca se recupera totalmente. Falso

De un fracaso sentimental, uno nunca se recupera totalmente. Falso

En la recepción de un hotel, una mucama se detuvo y me preguntó: “¿Es usted el pastor Cinalli?”. “Sí”, contesté. “Necesito que ore por mi familia. Vivo sola con mis hijos. Mi marido nos abandonó cuando yo estaba embarazada de nuestro tercer bebé. He luchado sola para criarlos. Ayer me enteré de que mi hija de 19 años está embarazada y su novio la abandonó. Estoy tan triste. He revivido mi historia en la vida de mi hija. Ya no tengo fuerzas para seguir. Por favor, ore por mí”.

En una conferencia radial, en los Estados Unidos, llamó al aire una mujer al borde de la desesperación. Había recibido la descorazonadora noticia de que su esposo había abusado por mucho tiempo de su propia hija. Después de años de abuso, finalmente su hija se lo contó. El mundo a su alrededor se había desplomado. La imagen de un esposo tierno y de un padre ejemplar se evaporó en medio de un mar de ira y lágrimas.

Tristes historias que tocan las fibras más íntimas del ser. ¿Es posible una recuperación absoluta después de experiencias negativas tan fuertes?
Si somos sinceros, deberemos reconocer que es algo sumamente difícil. Somos el resultado de las vivencias de nuestro ayer. Las malas experiencias nos condicionan desfavorablemente, eso es inevitable; pero no son nuestro fin.
Un desengaño en el área de la intimidad, por grande que sea, no nos convierte en acabados.
El dolor por el ayer no debe ser el ancla que nos impida lograr un mejor mañana. No permita que el dolor lo paralice. No admita ese fracaso como la ruina. En otras palabras, no permita que su pasado decida su futuro. Comience a forjar una actitud favorable frente a la vida e independiente de las frustraciones que haya experimentado. Centrarse en los recuerdos dolorosos para sentir lástima de usted mismo, aunque es humanamente normal, no es saludable.
Cuando el profeta Elías quedó atrapado en el pasado, el Señor lo buscó para curar sus heridas y encomendarle una gran tarea. Secó sus lágrimas con su presencia. Así promete hacer Dios con usted. Apocalipsis 21: 3b-4 dice: “Dios mismo estará con su pueblo y enjugará toda lágrima de los ojos de ellos”. A Elías lo puso de cara hacia el futuro y de espalda a su pasado.
Coopere con Dios y saldrá beneficiado. Lo que ha sucedido ya es irrevocable. Querer cambiar el pasado es como intentar atrapar una sombra: es imposible.
Lo mejor que puede hacer es decidir positivamente sobre su futuro. Eso sí es sensato. Se requiere valor y firmeza, pero usted podrá porque cuenta con el Dios de toda fuerza y poder. Zacarías 4:6 dice: “no con ejército, ni con fuerza, sino con mi Espíritu, ha dicho el Señor”.