Mi pareja no es la misma

Mi pareja no es la misma

“Mi esposo ya no es cariñoso conmigo; no me habla, no me escucha”. “Mi esposa no es la misma persona con la que me casé; vive amargada y refunfuñando todo el tiempo”. Estas son expresiones comunes. Las mujeres se quejan, los hombres también.

El matrimonio tiene el potencial de magnificar las debilidades y exagerar los aspectos negativos del cónyuge. Aquello que el noviazgo disimula, el matrimonio lo exhibe con todos los detalles.

Los matrimonios comienzan con gran esperanza y sentimientos maravillosos. Los recién casados toleran debilidades, ignoran actitudes negativas, soportan desilusiones y pleitos por pequeñeces. Sin embargo, el tiempo cambia las cosas. Se vuelven intolerantes con cosas que antes festejaban. Lo que parecía gracioso ya no lo es. Si antes resultaba divertido, ahora es un fastidio. Sentimientos negativos, actitudes condenatorias, palabras airadas y, por último, conductas egoístas y sin cariño. El amor se extingue y la relación matrimonial entra en terapia. ¿Volver a enamorarse? Jamás. ¿De la misma persona? Imposible.

La separación y un nuevo casamiento parece una salida elegante para aquellas parejas en las que el amor ha muerto. Pero este comportamiento implica un riesgo mayor, no sólo para el cónyuge que ha fracasado en su anterior relación sino también para la persona involucrada en esta nueva relación. El pastor Daniel García, en su libro Matrimonio y divorcio, nos recuerda la triste historia de Catherine Kullman, una de las más grandes predicadoras de EEUU. “Ella era soltera y se enamoró de un predicador casado, quien se separó de su esposa para casarse con ella. Tuvieron un idilio sin duda impresionante y maravilloso. Pero dice su biógrafo que la unción se apartó de ella a punto tal que tuvo que separarse definitivamente de su marido con enormes sufrimientos, llanto y aflicción. Algo que podía haber evitado tanto para ella como para el que fue su pareja. A partir de ese momento ella volvió a predicar y aunque ministró con la unción que había experimentado en el pasado, el final de su vida no fue tan diáfano, tan claro, tan hermoso como era de esperar que terminara la existencia de una mujer que había sido usada en forma poderosa por el Señor”.

Que no sientas amor no justifica tu divorcio. Que aparezca alguien mejor tampoco. Cumple tus votos. Encauza tus sentimientos. Si el amor desapareció, el secreto para avivarlo nuevamente es centrarte en aquellas cosas que te llevaron a enamorarte la primera vez, las que te hacían reír, te atraían y te hacían sentir bien. Esas cualidades todavía están en esa persona. Magnificar las fortalezas y disimular sus debilidades, siempre que no sean de carácter, es una receta sencilla que funciona. Por supuesto que no se puede ‘disimular’ una aventura extramarital o un comportamiento adictivo o delictivo, pero sí esas cosas cotidianas que no implican ninguna maldad y sin embargo no se comparten totalmente con el otro. Disimular fallas de carácter o ser partícipe con el silencio de conductas deshonestas constituye una complicidad y un auténtico suicidio.

Enamorarse es fácil, permanecer enamorado no siempre es sencillo. Requiere esfuerzo y decisión; sí, dos cosas que todos preferimos evitar, pero no hay otra forma de que el amor vuelva a florecer. Nadie cosecha lo que no ha sembrado antes. En otras palabras, puedes ser plenamente feliz con la persona que Dios ha puesto a tu lado. La mayor parte de ese trabajo te toca a ti, pero también tú serás la persona que recibirás la mejor recompensa.

Desafío matrimonial

¿De qué maneras puedes incluir entre tus labores cotidianas demostraciones prácticas de cuidado y atención a tu pareja? Necesitarás creatividad. Deben ser diferentes a las que normalmente realizas, de otro modo, no habrá cambios en la relación. Te brindamos algunas alternativas:

• Recuérdale algún detalle del día que se conocieron.
• Busca una carta que te haya entregado hace mucho tiempo y léesela nuevamente.
• Sorprende a tu pareja recreando la primera cita.

Agenda un tiempo semanal para invertir en tu matrimonio. Si trabajas en el presente podrás soñar con un futuro diferente. Deja fluir el amor y volverá a ti.