Frases matadoras

Nada, excepto la infidelidad, destruye tantos matrimonios como el maltrato verbal. “La lengua es la única herramienta que se afila con el uso constante”, Washington Irving. Salomón lo dijo así: “El que habla sin pensar hiere como un cuchillo, pero el que habla sabiamente sabe sanar la herida”, Proverbios 12:18 (TLA).

Las palabras tienen el potencial de sanar o herir, fortalecer o debilitar una relación. Las palabras mal usadas acaban con el respeto y hacen perder toda admiración. El maltrato verbal duele. No hay razón para gritar, insultar y golpear con las palabras. Hay personas que utilizan sus palabras como armas de guerra; castigan, hieren, culpan y justifican sus acciones con razones que aparentan ser importantes. En otras ocasiones, con el tono de voz controlan y manipulan a su cónyuge. “Ves a un hombre precipitado en sus palabras, mas esperanza hay para el necio que para él”, Proverbios 29:11 (LBLA).

Si eres el destinatario del maltrato verbal no reacciones de la misma manera. No creas todo lo que esa persona te diga y busca ayuda pronto. No permitas que tu autoestima sea destruida, no mereces tales improperios. No estimules el maltrato, pero tampoco sigas en ese círculo de violencia que terminará bloqueándote emocionalmente.

A continuación, algunas frases que deben ser erradicadas o acabarán con tu matrimonio:

1. “Ya te lo dije”. Léase: “no sabes hacer nada, yo podría hacerlo mejor”, “todo es culpa tuya”, “deberías hacerme caso”. Frases de este tipo sacan lo peor de una persona y provocan la más pésima reacción.

2. “Tú nunca… Tú siempre”. Léase: “nunca me sacas a pasear”, “nunca me dices cosas lindas”, “siempre me presionas”, “nunca me escuchas”, “siempre me mientes”, “nunca me dices lo que piensas”, “siempre me rechazas”, “nunca…”, “siempre…”. Los “nunca” y los “siempre” son exageraciones mal intencionadas. Provocan rechazo. Caldean los ánimos. Despiertan sentimientos negativos y estimulan la discusión.

3. “Eres igual a…”. Léase: “igual a tu madre…”, “igual a tu padre…”, etc. Las comparaciones ofenden, descalifican y deterioran la autoestima. La influencia del ambiente familiar modela para bien o para mal el carácter y la valía de sus miembros. Expresiones como “tonto”, “inútil”, “infeliz”, “torpe”, etc., empobrecen la autoimagen y atentan contra el potencial personal.

4. “Si yo tuviera”. Léase: “si tuviera más dinero”, “si tuviera un mejor esposo”, “si tuviera mejor salud”. Codiciamos lo que no tenemos y no apreciamos lo que poseemos. Creemos que conseguir aquello que deseamos nos hará felices. Eso es un error. La felicidad no depende de lo que tengas, depende de tu actitud frente a la vida. La mejor noticia de este día es que ya tienes lo que necesitas para ser feliz. Cultiva el agradecimiento.

5. “Es tu culpa”. Léase: “es culpa de tu familia”, “es culpa del gobierno”, “es culpa de…”. Siempre son otros los que tienen la culpa de lo que sucede. Es una pésima costumbre hacer responsables del comportamiento personal a otros individuos o instituciones. No asumir la responsabilidad por los propios actos es una clara señal de inmadurez. Asume la responsabilidad por lo que dices y haces. Es el primer paso hacia la grandeza.

Desafío matrimonial

No trates de cambiar a tu pareja. Deja el sarcasmo, la ironía y la burla. No uses tu lengua para ofender o denigrar.
Si te cuesta dominar tu lengua, busca ayuda, no te vuelvas el torturador de los que más amas. Deja de intimidar o manipular con tus apreciaciones. Emplea más frecuentemente expresiones del tipo: “lo siento”, “tenías razón”, “por favor”, “perdóname”. No serán el todo, pero puede significar un buen comienzo.