Cuando Cae la Noche

Días atrás descubrimos que las luces traseras de nuestro automóvil quedaban encendidas aun cuando nadie apretaba el freno. Por temor a que se agotara la batería decidí desconectar el bulbo que controla dicho mecanismo (escribe José Luis). Ahora puedo conducir y frenar con la única salvedad que no se encienden las luces rojas correspondientes. Esto trae un peligro asociado, ya que los automovilistas que vienen detrás no saben cuando freno y eso podría terminar en un desastre. Si no arreglo pronto el desperfecto podría estar en serios problemas.
De la misma manera muchos matrimonios simulan andar sin problemas por la vida pero esconden ‘desperfectos’ que podrían, a la postre, ocasionar un desastre mayúsculo a la relación. He aquí algunos de ellos:

• Postergación de las relaciones íntimas. Tener relaciones sexuales no significa que exista un vínculo matrimonial sano, pero la interrupción brusca o el distanciamiento paulatino podría significar una advertencia de decadencia. Por regla general, una pareja debe funcionar bien fuera de la cama para asegurar una intimidad gratificante para ambos. En otras palabras, problemas fuera del dormitorio ocasionan problemas dentro del dormitorio. “Si el sexo se encuentra sólo en el cuerpo, es una urgencia biológica; si aparece únicamente en el intelecto, es una obsesión; si está en el corazón, es una prueba más de que el amor existe. Si no se siente en ningún lado, es patología, alarma general”, Enrique Mariscal.

• Escasa comunicación. La queja más frecuente de toda mujer es que su esposo no la escucha. Una investigación concluyó diciendo que toda mujer tiene 17 segundos de atención máxima de su pareja antes de que se desconecte. Lo que no logra decir en ese breve tiempo no será escuchado después. Los hombres, en general, hablan menos y, cuando lo hacen, comparten información, a diferencia de la mujer que habla con más palabras y comparte sentimientos. El hombre es por naturaleza un ‘solucionador’ de problemas. Trata de ‘arreglar’ a todo el mundo, incluyendo a su esposa. Lo que no sabe es que cuando una mujer comparte lo que siente no significa que busque una solución sino un oído dispuesto a escuchar. La relación matrimonial mejoraría consistentemente si el esposo escuchara más y opinara menos. Si tu pareja observa que inviertes tiempo de calidad en la relación, será más sensible a tus propias necesidades. Recuerda: tu matrimonio será tan bueno como la comunicación que tengas con tu cónyuge.

• Descuido de la apariencia física. Por regla general la mujer suele ‘producirse’ a fin de ‘conquistar’, pero una vez casada descuida su dieta y su físico. Lo mismo sucede con los hombres. Sin embargo, hombres y mujeres responden mejor al galanteo cuando su pareja está aseada, perfumada, arreglada y bien vestida. Si notas que tu pareja se ha descuidado o tú lo has hecho, atrévete a cambiar y anima con tu ejemplo a que tu compañero/a también lo haga.

• Desapego en las expresiones de cariño. Una investigación deja ver que los novios se tocan significativamente más de 37 veces por día; en cambio, los casados lo hacen con menos asiduidad conforme pasa el tiempo. El romanticismo no debería ser propiedad exclusiva del noviazgo. La falta de expresiones de este tipo condena al matrimonio a la monotonía, a la mediocridad, y esto a la larga, termina con el erotismo.

• Falta de respeto. Las palabras irreflexivas pueden originar heridas profundas. Nada duele más que una palabra airada. El mostrar desacuerdo con tu pareja no te habilita para ofenderla. Sé suave al comunicar tu disgusto. No lastimes el alma. Podrás disculparte con lágrimas, pero nada quitará el daño ocasionado.

• Desinterés en la relación con Dios. Si hay alguien que quiere que tu matrimonio prospere, ese es Dios; y si hay alguien que buscará por todos los medios que tu matrimonio naufrague, ese es el diablo. Charles Swindoll cuenta acerca de una experiencia escalofriante que le tocó vivir a una dama de su iglesia mientras viajaba en un avión. Cuando sirvieron la comida, ella notó que el hombre que estaba a su lado no comió la suya. Mientras los demás comían, él periódicamente agachaba su cabeza y cerraba sus ojos, al parecer en oración. Cuando las auxiliares de vuelo recogieron las bandejas vacías, él entregó la suya sin tocarla. Ella le dijo: “Noté que usted estaba orando. ¿Es cristiano?”. El respondió: “No; en realidad soy satanista. Esperamos ver que los matrimonios de cien líderes cristianos fracasen este año. Estamos ayunando y orando a Satanás con ese propósito”. Allí está el verdadero enemigo. Tal vez pienses que tus problemas maritales surgieron por un pasado trágico, dificultades financieras, excesivo equipaje emocional, parientes políticos entrometidos, hijos rebeldes, mala comunicación, un cónyuge que no te apoya, etc. Todos esos desafíos son significativos y no sugerimos que Satanás esté detrás de cada dificultad. Sin embargo, el diablo se aprovechará de cualquier oportunidad. Por tal motivo, vela por tu matrimonio.

Desafío matrimonial

Piensa en la siguiente escena.
El esposo llega del trabajo. La esposa lo recibe con un rico té y galletitas recién horneadas, al momento que le pregunta cómo le ha ido y él responde: “Bien”. Acto seguido, él se saca los zapatos, se pone ropa ligera y enciende la televisión para escuchar noticias o deportes. A pesar de haber estado separados durante casi todo el día, las vivencias se reducen a una palabra: “Bien”. Por la noche, ya tarde, el esposo se pregunta por qué su esposa se queja de falta de intimidad. Cualquier parecido con la realidad, es pura coincidencia. Gary Chapman dijo: “No se puede resumir diez horas de ausencia en una sola palabra. Es necesario que aprendamos a tener momentos diarios de comunicación”.
¿La intimidad se ha vuelto monótona? ¿El desapego es la regla? ¿Ya no intentas seducir a tu pareja? ¿Boicoteas los encuentros sexuales?
Si la noche ha caído sobre tu relación puedes pedirle al Sol de Justicia (Jesucristo) que vuelva a iluminar tu matrimonio. Dile: “Jesús, que la luz perpetua y la paz completa venga a mi hogar. Necesito tu auxilio en este tiempo de oscuridad. Renuévame y dame las fuerzas para luchar por mi familia. Gracias porque sé que tú me ayudarás. Amén”.