Embarazo adolescente

Caía el sol en la tarde de aquel sábado, fatídico sábado. Le dijo a su madre que iría a un campamento de jóvenes cuando en realidad fue a una ciudad cercana y se hizo un aborto. Permaneció en la casa de una amiga por dos días; los de mayor sangrado y dolor. Prefería morir antes que asumir un embarazo.

Dos niños venidos a padres. Adolescentes que urgidos por la emoción, dan rienda suelta a la pasión, pero sin disposición ni conciencia para asumir las consecuencias.

¿Murió la chica? No, ella goza de buena salud; su hijo es el que yace muerto. Nadie en la iglesia se enteró. Todo quedó oculto, en el pasado.

Su novio la abandonó cuando se enteró que estaba embarazada. Ella, defendió su bebé. El 15 de noviembre nació, vigoroso y llorón, un varón de 3 kilos. Los padres de esta joven, ahora abuelos, le dijeron que ella debía criarlo y hacerse cargo. Entre las consultas y las vacunas, las noches sin dormir y la falta de pañales, abandonó el colegio y terminó trabajando como mucama para salir adelante.

Historias de todos los días. Las hemos visto de cerca; probablemente usted también.

Cynthia Palacios, en un artículo de La Nación titulado Cuando la maternidad pone fin a la niñez, dijo: “Miles de adolescentes estrenan su maternidad antes de dejar la niñez”.

Según datos del Instituto Nacional de Estadísticas y Censos, cerca del 15% de los nacidos tienen mamás de menos de 20 años.

¿Cuáles son las causas del embarazo adolescente?

Las causas son muchas, pero queremos destacar:

El abuso sexual. De cada dos adolescentes de entre 13 y 16 años que han quedado embarazadas, una lo hizo bajo algún tipo de presión, desde dar la “prueba de amor” a su pareja, hasta la violación lisa y llana.1 La mayoría de las “mamás niñas” tuvieron sus hijos con hombres de más de 20 años de diferencia. Es de suponer, entonces, que se trata del producto de hechos de coerción, abuso, violación o incesto.2 Frente a la ocurrencia del embarazo adolescente, comprobemos que no exista abuso sexual.

La presión de los pares. La iniciación sexual es a edades cada vez más tempranas. Mayor comportamiento sexual a menor edad sumado a la carencia de convicciones da como resultado más niñas madres.

La desinformación. Hoy día existe mucha información contradictoria. Reforzadora de mitos. Los medios de comunicación, el Chat y la Internet, son ofertas sugestivas en materia sexual. El 35% del total de búsquedas en la Web corresponden a “sexo”. Se incita los sentidos y se invita a la sensualidad. No se educa para una sexualidad plena y responsable. ¿Qué estamos haciendo para contrarrestar esto? Prácticamente nada. ¿Qué esperamos entonces?

El anhelo de tener un hijo. En las adolescentes de condición humilde, quedar embarazada es un hecho naturalizado, es “normal” y, muchas adolescentes que han crecido criando a sus hermanitos, esperan tener un bebé propio.

La sobreestimulación por una sociedad altamente sexualizada. Los medios de comunicación y los amigos, influyen en la conducta sexual de los jóvenes mucho más que los mismos padres. Los amigos, la TV. y las revistas son las principales fuentes consultadas en materia de sexo. De cada 10 jóvenes cristianos, 6 recibieron formación sexual a partir de amigos y medios de comunicación, dos la recibieron en la escuela, 1 en la iglesia y sólo 1 recibió formación sexual en su casa.

Una persona que mira televisión regularmente, ve cerca de 9.230 actos sexuales durante un año. De toda esa actividad sexual más del 80% es fuera del matrimonio. Esto significa que si el joven ve TV desde los 8 a los 18 años, ha visto 93.000 escenas de coitos, simulados o reales, y 72.900 de ellos han sido en relaciones extramatrimoniales.

La mente de los jóvenes es bombardeada con la artillería pesada del sexo. Se les anima al sexo libre y ocasional, momentos de placer sin valores ni prejuicios.
Los agentes publicitarios invierten millones a fin de que los jóvenes relacionen sus productos con ciertas sensaciones y sentimientos. Las canciones más entonadas contienen letras sugestivas y las revistas muestran modelos casi desnudas en posiciones sensuales. Todo el mundo levanta la voz en cuello para decirles a los jóvenes: “háganlo”. Todo contribuye a que el deseo sexual aumente, buscando la experimentación de sensaciones por la gran estimulación que reciben.

¿Cómo puede ayudar la iglesia?

Si una adolescente ha quedado embarazada, debemos acompañar, no condenar. La falta de apoyo genera mayor vulnerabilidad para ella y su bebé. En cambio, los vínculos saludables le permitirán construir un proyecto de vida en el que haya espacio para su hijo, sin que se anule el potencial para esa madre-niña.
Los padres-abuelos no deberían ejercer la crianza del niño y la iglesia no debería tomar medidas extremas: ni los aplausos ni la condena. Si los adolescentes-padres muestran arrepentimiento, se debe esperar los frutos dignos de ese arrepentimiento.

Dar una calurosa bienvenida es tan nefasto como la repulsa pública. Bíblicamente, no hemos sido llamados a abortar la ley de la siembra y la cosecha. Que sea la madre y el padre adolescente quienes se hagan cargo y ejerzan su función paternal. Serán ellos o ella, en caso de que haya sido abandonada, quien asumirá el desafío de la crianza y educación del pequeño; a la vez que lucha por mejorar su condición socioeconómica en busca de la estabilidad.

Se debe incentivar a esa joven mamá a que siga estudiando o capacitándose. No busquemos solucionarle todos los problemas, ni la castiguemos dejándola sola en un mundo hostil, sino ayudemos a que madure haciéndose responsable en esta nueva etapa. No es saludable que la familia o la iglesia asuman las consecuencias por el embarazo adolescente.

¿Qué hacemos para prevenir los embarazos adolescentes?

El eje de la discusión no debería ser: “¿qué hacemos con el embarazo adolescente?”, sino cómo prevenirlo. ¿Qué se hace para que los jóvenes cristianos opten por no tener relaciones sexuales antes del matrimonio?
Nuestra experiencia nos dice que un gran porcentaje de jóvenes cristianos solteros tienen sexualidad activa; esto no difiere mucho de sus pares no cristianos. Es una realidad y no debemos negarla. Si quisiéramos tener resultados diferentes, deberíamos hacer algo diferente. Hasta el momento, el discurso de la iglesia ha sido de represión e intimidación, basándose en las consecuencias negativas del mal comportamiento. Es decir, se ha dicho hasta el cansancio: “No lo hagas para que no te pase algo malo…”. En otro sentido, es lo mismo que decir: “No hurtes porque vas a la cárcel”. Esa es una parte de la realidad, sin embargo, la delincuencia no disminuye. El que roba lo hace corriendo todos los riesgos, pero igual roba, ¿por qué? Porque tiene un motivo más valedero, según él, para hacerlo que para no hacerlo. Lo mismo ocurre en el ámbito de la sexualidad.

Quienes sostienen la bandera de la represión por temor, dicen:
NO lo hagas porque te vas a enfermar (inculcando temor a las enfermedades). Si no existieran las enfermedades de transmisión sexual o hubiese cura para todas ellas, entonces, ¿sí podría?
NO lo hagas porque arruinarás tu futuro (inculcando temor a la frustración). ¿Acaso no cambian los proyectos de vida por otros motivos?

NO lo hagas porque te podrás embarazar (inculcando temor al embarazo). Si hubiera un método 100% efectivo, entonces, ¿sí podría?
Otros enseñan: “no lo hagas, eres importante, tus metas lo son, lo tuyo lo es”; los consejos de este tipo sobreabundan: “¡primero yo, luego yo y siempre yo!” Todos valores anticristianos, de cabo a rabo.
Los beneficios del autocontrol y las consecuencias de la desobediencia son correctas, pero cuando se presentan como verdad máxima son nuestra ruina.

Dado que el mensaje predicado hasta ahora para prevenir la inmoralidad sexual ha fracasado, proponemos algo diferente: la revolución del amor. Un amor vivido en libertad, no en la esclavitud del temor.

Un amor genuino por Jesús que nos lleve a obedecer, ya que la única forma de medir nuestro amor es por la obediencia a sus mandatos. Si pudiéramos lograr que los jóvenes estén más cerca de Dios nos aseguraríamos que estarán más lejos del pecado.

Queremos vivir la libertad que nos permita elegir por convicción, no por temor a lo que pasará. Y repetir hasta el cansancio, como dijo Pablo, Martin Lüther King y tantos hombres de Dios: “Somos llamados a ser individuos de convicciones, no de conformismos”.

Queremos que las convicciones nos dominen, no que los miedos nos limiten. Queremos que la realidad cambie y que nuestra fe no cambie. Queremos creyentes radicales y apasionados por Jesús. Los queremos, y nos imaginamos que usted también. En vez de rendirnos ante las consecuencias de una mala decisión, trabajemos para prevenir su ocurrencia.

Todavía muchos dicen que no. Todavía muchos no han cedido, muchos tienen el valor de rebelarse contra este mundo hipersexualizado, y se resisten a ser manipulados por el pensamiento de la mayoría. Ellos son los que demuestran amor por su Salvador, son los que permanecen fieles a Dios, posponiendo el sexo hasta la noche de bodas. Inspirémonos en ellos para que cada día sean más y no menos. Enseñemos desde la fe una sexualidad sana y responsable, conforme al diseño de Dios.

1. HOSPITAL ARGERICH. Servicio de Adolescencia. Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Argentina.
2. CEDES, 2003.
3. McDOWELL, J. DAY, D. ¿Por Qué Esperar? Miami. Unilit. 1990.