Síntomas que presagian la decadencia matrimonial

Síntomas que presagian la decadencia matrimonial

Un matrimonio no termina de un día para otro. Hay síntomas que presagian un mal pronóstico. “Muchos piensan que los matrimonios se van a pique debido a una aventura amorosa o algo igualmente explosivo”, dice John Goltman. “Lo cierto es que se acaban poco a poco, como si fueran resbalando por una pendiente de reproches, críticas y actitudes defensivas o de retraimientos, hasta que es difícil volver atrás. Sin embargo, suele haber síntomas tempranos de que la relación va por mal camino”. Algunos de estos síntomas de alarma son:

Agendas diferentes. En estos tiempos modernos ya no es nada extraño que los integrantes de la pareja tengan sus propias agendas; pero esto puede ser mal augurio cuando no existen tiempos comunes. La gente suele dar prioridad al trabajo, a las actividades personales o a los programas sociales más que a la relación de pareja. Sería recomendable agendar semanalmente un tiempo para compartir con el cónyuge, tal como una salida a cenar, un paseo de un día fuera de la casa, o por qué no, ratos juntos en el hogar.

Ausencia de romanticismo. Una estadística reveló que a mayor tiempo de casados, menos expresiones de cariño. Se besan menos, se acarician menos, se tocan menos. Estas manifestaciones de afecto se acaban después de un tiempo. Hágase el firme propósito de retornar al romanticismo. Recuerde qué cosas agradan a su cónyuge y hágalas.

Rencor reprimido. Nada produce más dolor que una infidelidad. Si bien toda la familia es afectada, el cónyuge lo vivencia como una traición y lo sufre más. El abandono rei-terado puede ser otra causa de rencor oculto. Hay situaciones especiales en las que uno necesita más de la compañía del cónyuge. Su ausencia podría generar un enojo encubierto al principio, que se manifiesta en actitudes nocivas a posteriori. Mientras que no exista perdón, no habrá avances en la relación.

Falta de comunicación. La comunicación en la pareja es tan vital como el aceite en su auto. Sin ella, el matrimonio se funde. Si uno de los dos no sigue descubriendo al otro, si ya no recuerda sus gustos y aversiones, ni las situaciones que lo ponen tenso, hay problemas en puerta. En el plano íntimo, los integrantes creen que su pareja sabe lo que les gusta y lo que no. Pero ellos no son adivinos. A menos que se genere un espacio abierto de comunicación sincera, la intimidad también se resentirá.

¿Qué hacer si se perciben algunos de estos síntomas?

Sean amigos. Friedrich Nietzsche dijo: “en los matrimonios infelices, no es amor lo que falta, sino amistad”. La relación matrimonial debe ser una relación de amigos. Cantar de los Cantares 2:2 presenta al matrimonio como dos amantes y dos amigos. Los amigos no se traicionan, se escuchan mutuamente, nada se ocultan. Aprenda a compartir las presiones, problemas y aun las tentaciones sexuales con su cónyuge. Una esposa que no sabe escuchar a su esposo, será sustituida por otro oído femenino, atento y reflexivo. Cuidado, la Biblia dice: “los labios de la mujer extraña destilan miel, y su paladar es más blando que el aceite, mas su fin es amargo como el ajenjo, agudo como espada de dos filos, sus pies descienden a la muerte; sus pasos conducen al Seol”,  Proverbios 5: 3-5.

Reaccionen contra la situación y no contra el cónyuge. Su pareja no es su enemigo. No le falte el respeto. Si logran un acuerdo, ambos saldrán ganando.

No esperen. “Los matrimonios felizmente casados no dejan pasar muchos días antes de resolver sus diferencias”, dice Sally Kiester. Evadir la situación o negarla no mejorará el matrimonio, lo destruirá. No se quede callado/a o inactivo/a. Busque el momento o créelo para dialogar.

Crean que la situación mejorará. No pierdan las esperanzas. Aunque la realidad parezca insalvable, no se desanimen; siempre hay una salida. Tengan fe y sean pacientes. Desandar el mal camino puede llevar tiempo, pero siempre mejora las cosas.