¿Si descubro que mi hijo consume pornografía?

¿Si descubro que mi hijo consume pornografía?

Este tema amerita una charla de manera urgente. La pornografía no es inofensiva.
«Fernando es un muchacho joven, apenas cruza la barrera de los veinte, aunque aparenta menos.
Estudia en la universidad y trabaja con profesionales del mismo campo. Apasionado por lo que hace. Cuando habla de su carrera, sus ojos brillan como encendidos por una poderosa luz interna de pasión. Pero no vino para charlar sobre eso. Llegó por un motivo muy diferente.

Él mismo relató: “esperaba ansioso la entrevista. Realmente quería conocerlos y contarles lo que me pasa”. Comenzó hablando claro y con expresión firme, pero de repente bajó la cabeza y su voz se hizo débil y entrecortada. Dejó de hablar.

A fin de poner término al tenso silencio e intentando no ser intrusivos, le preguntamos: “¿cuándo empezó todo?”. Nos dimos cuenta de que necesitaba ese espacio etéreo que generó la pregunta. Enseguida comenzó a hablar. “Empezó en la secundaria. Un día miramos pornografía y había de todo: mujeres con hombres, hombres con hombres, en fin, lo que imaginan. Eso me movilizó mucho. Hasta ese entonces sentía un desprecio muy grande hacia los homosexuales, pero al seguir consumiendo pornografía de todo tipo, se me despertaron deseos que jamás pensé que podría sentir. Poco a poco, esas imágenes me cautivaron. Recurría a fantasías homosexuales para masturbarme. En el chat hice contacto con personas homosexuales y cuando inicié la universidad tuve mi primera relación con un hombre. No lo conocía. Era uno de los contactos del chat. Les cuento que, aunque tuve relaciones homosexuales, jamás estuve en pareja, ni quiero. Deseo tener una esposa e hijos.

“¿Tuviste muchos encuentros homosexuales?”, preguntamos. “Sí”, confesó abiertamente. “¿Siempre con personas diferentes?”. “La mayoría de la veces”, replicó. “Lo oculté de mi familia y de mis amigos hasta que mi hermana, buscando un archivo, encontró mis contactos. Mis padres se enteraron de todo, fue muy feo. Pero también un alivio. Quería que alguien me ayudara a ponerle punto final…”.»12

La pornografía es un conjunto de materiales cuya finalidad es producir excitación sexual.
La pornografía es dañina por las siguientes razones:

Denigra al ser humano. Las personas exhibidas se presentan como mercancía disponible para la venta. Desechables, según el gusto del consumidor.

Desvaloriza a las personas, llevándolas a la categoría de objetos sexuales. Existe una relación de dominio; se asocia al hombre con el amo y a la mujer con una figura que satisface todos los deseos eróticos de aquél.
Pervierte la relación sexual. La pornografía no considera los sentimientos de las personas. No valora el amor, la ternura o la intimidad. La pornografía tiene poder adictivo. A la larga, tanto para el soltero como para el casado, la pornografía siempre es dañina.

Desvirtúa el propósito de la sexualidad. Los pornógrafos están especialmente interesados en demostrar que la mujer y el hombre, en cualquier momento, situación o estado, van a gozar con cualesquiera de las prácticas sexuales a las que se sometan. Con la gestualidad tan exagerada, los gemidos y gritos ridículos, el lenguaje empleado y las tomas fotográficas, proyectan una imagen irreal en que la mujer y el hombre disfrutan de una sexualidad libertina y aberrante.

Aumenta la vulnerabilidad frente al VIH-SIDA. Entre las determinantes de riesgo para que una persona sea “más vulnerable”, se encuentra el elevado número de parejas sexuales, las relaciones sin protección, la facilidad de establecer contacto por Internet y el acceso a la pornografía.13 Respecto de esto último, cabe acotar que una comisión especial del Senado de Estados Unidos, después de un estudio, llegó a la conclusión, entre otras cosas, de que se producía un incremento de la actividad sexual luego de las primeras exposiciones de material pornográfico.14

Incita a la violencia sexual. Todos los ofensores sexuales tienen antecedentes de consumo de pornografía.
Es el camino hacia el pecado. Una mente saturada de pornografía buscará vehiculizar de algún modo el deseo surgido por esas imágenes. Santidad no sólo es dónde me encuentro, sino hacia dónde me dirijo.
Tiende a producir adicción. Una de las más poderosas adicciones hoy en día es la pornografía. Hace desear más y más, como el alcohol o las drogas. Nunca es suficiente. La adicción paraliza la espiritualidad, pervierte la forma de ver el mundo, deforma la vida social y destruye cualquier posibilidad de ser efectivos en el ministerio.

Hoy en día es más fácil consumir pornografía que comprar una golosina. Para comprar, aunque más no sea un caramelo, hay un esfuerzo que hacer. Se debe dejar la casa y caminar hasta el kiosco más cercano. En cambio, para consumir pornografía sólo basta un clic de mouse. De ahí la importancia de supervisar lo que cada uno de nuestros hijos consume en la red. Enseñar acerca de este tema no es ser moralista ni religioso, es prevenir la deformidad del tema en la vida de nuestros hijos y también preservarlos de algún grado de adicción a los contenidos sexuales en la internet. Eduque, no reprima. Supervise y manténgase alerta de las posibles tentaciones que sus hijos pueden tener en relación al tema. Orientarlos en esta área es sumamente importante en su desarrollo integral. Recuérdelo cada vez que se sienta tentado a dejar de lado la enseñanza de sexualidad.