Pornografía.

María Elena se puso de novia con un pastor soltero. En los primeros meses de la relación, todo era muy romántico y espiritual. Con el paso del tiempo, él le confesó que no era virgen, pero no quiso decir más. Ese episodio quedó como una confesión motivada por el crecimiento del amor y el anhelo de tener una relación agradable a Dios.

Unos meses más tarde, vino una segunda confesión. Juan, el pastor, le comentó que había tenido un ‘problema con la pornografía’, pero que era algo del pasado. Sólo que, de tanto en tanto, sentía la tentación de entrar en la red y volver a consumir. Ella se alegró por la sinceridad. Creyó que su apoyo y su oración intercesora lo mantendrían en santidad.
Sin embargo, sentía cierta intranquilidad que no podía explicar. Una y otra vez le preguntaba a su novio si había recaído. Lo interesante era su respuesta. Él parecía no entender de qué le hablaba María Elena. Luego, como quien hace un intento por recordar algo del pasado, respondía: “ahh, de aquello… No. No te preocupes, estoy fortalecido en el Señor”.

Una tarde se le ocurrió a María Elena una idea. Introdujo una nueva cuenta con un nick vulgar en el Chat y lo buscó a él. No hubo respuesta. Levantó una foto sensual que, por supuesto no era de ella y esperó. Al siguiente día, Juan, su novio, sin saber que era María Elena, le escribió un mensaje muy obsceno. Ella contestó muy sensualmente. A los pocos minutos recibió una foto, desde el cuello hasta los pies, totalmente desnudo. Reconoció una cicatriz que él tenía en su pecho. Ahora no le quedaban dudas. El tema del ‘olvido’ y de la confesión eran una fachada, Juan seguía consumiendo pornografía.

Lo confrontó. Negó y negó; se ofendió porque, como pastor, alguien estaba cuestionando su honor. Ella, enfurecida, le mostró la conversación del Chat y la foto que de él tenía. Ante abrumadoras pruebas, Juan admitió lo sucedido y comentó que era la primera vez que hacía esto en años.

Dos días después, María Elena recibió una llamada en su celular; era Juan que le pedía perdón. Le dijo que estaba buscando ayuda. También le confesó que sus padres lo sabían y lo apoyaban. ¿Qué les contó a sus padres? Ella no sabía y él no quería decir qué les había dicho.

Maria Elena acude a nuestra página, nos cuenta toda la historia y nos pregunta: “¿Tengo que ayudarlo? ¿Debo seguir con esta relación? Lo amo, pero me ha engañado todo el tiempo. Nos ha engañado a todos. ¿Cómo hago para confiar otra vez en él?”.

¿Cómo ser libre de la pornografía?

Lo primero es reconocer que se necesita ayuda. Las adicciones originan cambios en el estado de ánimo de los individuos, capaces de conducirlos a la compulsión irracional e irresistible.

¿Qué dice la Biblia acerca de las adicciones?

El apóstol Pablo, en 2ª Corintios 3:17, Gálatas 5:13 y Romanos 8:2, afirma que Cristo nos hizo libres. La pornografía es esclavizante y adictiva.
La adicción a la pornografía es:
1. Un camino de destrucción. Descuida su trabajo y sus relaciones interpersonales. Se miente a sí mismo y miente a los demás para cubrir su conducta.
2. Una forma de esclavitud. La persona adicta no es libre para decidir lo que le conviene. Se vuelve compulsiva, acarreando toda especie de males.
3. Un triste modo de vivir. La adicción, a medida que progresa, aleja a la persona de la comunión con Dios y luego de las personas más cercanas y queridas.
¿Hay esperanza para los adictos a la pornografía?
Por supuesto que sí. El primer requisito es el reconocimiento del problema y la incapacidad para resolverlo por los propios medios. La persona tiende a negar, ocultar o minimizar su adicción, creyendo que ejerce autodominio, lo cual es una gran mentira porque tiene antecedentes de promesas rotas, de frustraciones crecientes y de falta de control en su comportamiento. Si te identificas con este problema, por favor, busca ayuda. Si has confesado a Cristo como tu Señor, no estás solo en la lucha, hay un poder sobrenatural obrando en tu vida para liberación. No es espiritualizar tu problema, es hacerte consciente de la ayuda ‘extra’ con la que cuentas. No bajes los brazos, no sigas adelante con tu adicción. “Jehová liberta a los cautivos”, Salmos 146:7b. “Y Dios, que levantó al Señor, también a nosotros nos levantará con su poder”, 1ª Corintios 6:14.