Por qué enseñar educación sexual (2ª Parte)

Por qué enseñar educación sexual (2ª Parte)

¿Cuándo empezar a educar?

La educación sexual comienza con el nacimiento. Debemos asumir que principia con la entrada del bebé en el mundo, por no decir antes. La preparación de la habitación, de la cuna y de la ropa depende del conocimiento o no del sexo de ese hijo en particular. El rosa o el celeste; la elección del cuadro de fútbol; del nombre; de los juguetes; todo se relaciona con el hecho de si es varón o mujer.

¿Qué enseñar?

El contenido de la educación sexual dependerá de la edad del niño y del desarrollo que presente en particular, ya que hay diferencias evolutivas aun con la misma edad. Pero es muy importante la coherencia de la familia en el trato hacia el menor. Si una madre trata a su hijo varón como si fuera una niña, al niño le costará identificarse como varón; queriendo satisfacer a su madre, aprenderá a actuar como una mujer, aunque sepa que es varón. Esto no tiene que ver con el hecho de que un varón ayude en las tareas de la casa. Eso no lo hará femenino, pero si la madre le deja crecer el cabello, le pone hebillitas, lo incentiva a usar su ropa y zapatos, es esperable que el chico se confunda.

«Tiempo atrás, asistió a una de nuestras charlas una mamá soltera y muy joven. Comentó que, para que su hijo de cinco años no la molestara, le pintaba las uñas y lo maquillaba como si fuera una mujer. Todo empezó como un juego; luego, el niño se ponía los zapatos de la madre e imitaba la forma en la que ella caminaba. Hoy día tiene ocho años y sus compañeritos lo rechazan. Le dicen que él no es varón porque se comporta como una nena.»

John Money subraya que, en la mayoría de las personas, el factor que más influye en la identidad de un niño no es de origen biológico, sino fruto del aprendizaje cultural.

Las pruebas, importantes en número, inducen a pensar que la programación genética prenatal y la acción de los mecanismos biológicos no son suficientes para compensar los efectos del aprendizaje postnatal.

¿Quién debe enseñar?

Es conveniente que ambos padres puedan relacionarse sanamente con sus hijos y charlar acerca de cualquier tema. Sin embargo, es posible que uno de los progenitores se sienta más cómodo para abordar la educación en sexualidad. Pueden tener entre mamá y papá una conversación en la que se pongan de acuerdo. El problema no es quién sino, que lo hagan. Cuando los padres se separan antes de que el niño haya alcanzado los 4 o 5 años y, por ende, haya adquirido la constancia genérica, el niñito, si vive sólo con su madre, suele llamarle papá al hombre que más se acerque a la casa y de él aprenderá los roles, es decir, cómo se comporta un varón. Decimos esto para que, a sabiendas, la mamá que está sola elija a alguien que influya positivamente sobre su hijo.

“¿Acaso no es Efraín mi hijo querido? ¿No es mi hijo preferido? Aunque lo he reprendido mucho, de verdad que siempre está en mi corazón. Lo amo profundamente y siento una gran compasión por él, dice el Señor”, Jeremías 31:20 (PDT).

La tribu de Efraín nos presenta un extraordinario ejemplo para esta reflexión: al experimentar la instrucción del Espíritu de Dios junto con las correcciones necesarias para su futuro, toda esa generación se apartó del pecado. Este es nuestro consuelo y nuestra porción en la enseñanza. ¡Ayudemos a nuestros hijos orientándolos sanamente en todos los aspectos, enseñándoles los principios bíblicos, compartiendo la información necesaria para vivir la vida de manera plena! ¡Será una extraordinaria inversión!