Los padres y la sexualidad.

Los padres y la sexualidad.

Cada generación de nuestra familia tiene una concepción distinta acerca del tema.

La generación de nuestros abuelos, generalmente, piensa que el sexo no es algo de lo que deba hablarse; mucho menos, enseñarse en los colegios.

La generación de nuestros padres, aunque un poco más abierta, sigue sintiendo el tema como un verdadero tabú.

Nuestra generación entiende la necesidad de enseñar, pero carece de recursos porque no ha recibido ninguna instrucción al respecto.

Finalmente, la generación de nuestros hijos, crece en una sociedad hipersexualizada y fanatizada por lo sexual.

La historia de nuestra familia
La historia de mi familia (Silvia) grafica bien lo que intentamos enseñar:
«Mi abuela materna, la nona Mercedes, era una católica muy conservadora. En mi memoria han quedado nítidamente grabados algunos recuerdos. Por ejemplo, nunca la escuché decir la palabra “sexo”. Ella tenía otra que la sustituía: la “porquería”.

Una vez relató el casamiento de su hermana mayor, a principios del 1900, una historia que manifiesta muy bien la moral de la época. Al caer el sol, el flamante esposo invitó a la novia para partir a su nidito de amor. No se acostumbraba la luna de miel, sino que los novios hacían un ranchito en el campo familiar y comenzaban a desmontar y a sembrar; ése era el futuro de los campesinos.

Mi abuela contaba que, después de que todos se acostaron, oyeron los ladridos de los perros. Parecían anunciar un peligro. Al levantarse, divisaron por la luz de la luna que algo se acercaba. Pronto reconocieron una voz: era la novia, que venía corriendo y gritando: “mamá, mamá, mi novio se volvió loco, quiso sacarme el vestido, socorro, mamá”. En medio del apuro de la familia para salvar tal situación, su propia madre, la recibió con amor y la llevó a uno de los dormitorios. Madre e hija hablaron por una hora. Luego, la subió al carro de la familia y se la “devolvió” al marido.

Mi abuela, con cierta picardía, decía: “desde ese día entendí que, en la noche de bodas, algo ocurría entre el hombre y la mujer; y eso, era sin ropas”.»

Probablemente su historia se parezca a ésta. Poca comunicación en el hogar (si es que hubo) acerca de sexo. Ese pasado explica los temores y las ansiedades que se despiertan cuando tenemos que abordar el tema. Pero, ¡podemos cambiar la historia! ¡Podemos escribir en las páginas del libro de la vida de nuestros hijos, los mejores recuerdos para la posteridad! Echemos los miedos, por amor a ellos. «Ocurrió una vez en la India que unos pobres ciegos iban por una carretera polvorienta, guiados por un amable caballero de edad madura que todavía tenía buena vista.

A cualquier parte que llegaban, el anciano les hablaba de las maravillosas cosas que se veían y de lo que ocurría en torno a ellos, haciendo las veces de guía, como si fuera los ojos de los ciegos. Aquí les explicaba el esplendor de un templo; allá les decía que palparan la belleza de una estatua. Los no videntes gritaban de alegría, pues nunca habían experimentado cosas tan interesantes.

Un día, el anciano les anunció que tenía algo especial: “más adelante en el camino, hay un elefante, una de las criaturas más maravillosas”, dijo. “Tendrán la oportunidad de tocarlo, cosa no muy frecuente”.
Llenos de alegría, los ciegos se acercaron al enorme animal y lo tocaron. El elefante, al instante, irritado, se marchó al galope por el camino.

Los ciegos, entusiasmados por la experiencia, relataban sus vivencias.
El que había palpado la pata exclamaba: “¡Qué bestia impresionante, es como un gran árbol, pero fuerte como una roca!”

“No”, interrumpió el segundo, que había palpado la trompa; “el elefante es como una gran serpiente que se mueve lentamente hacia delante y hacia atrás”.“¡Imposible!”, gritó el otro, que había tocado la oreja del animal. “Están todos locos, pues el gran elefante es como la hoja de un inmenso árbol, amplia y delgada”.
El cuarto se preguntaba qué disparate decían sus compañeros pues, al haber tocado la cola del animal, estaba seguro de que era largo y delgado como un árbol joven.

El quinto, verdaderamente molesto, les dijo que todos eran unos tontos pues, habiendo tocado un costado, sostenía que era como un muro.

Los cinco ciegos, antes buenos amigos, entraron en violenta discusión sobre la naturaleza de los elefantes, tratando de justificar cada uno lo que había percibido como verdadero. Por fin, heridos y enojados por los errores de los demás, cada uno tomó direcciones diferentes.»

Lo mismo ocurre en la campo de la sexualidad. Las disidencias tienden a cercenar nuestro horizonte. No seamos ciegos. ¡Entre todos podemos construir la realidad!