La masturbación.

Una de las razones por la que se condena la masturbación es por su asociación a fantasías eróticas. Para llegar a un orgasmo, generalmente el individuo debe acompañarse además de la acción física directa sobre sus genitales, de pensamientos sexuales.

Pero no en todos los casos de masturbación hay tal asociación; por ejemplo, los discapacitados mentales severos, cuya edad mental no supera los tres años, suelen tener conductas masturbatorias y no pueden articular ni un solo pensamiento. Lo hacen simplemente porque descubrieron una sensación agradable. Por otro lado, hay personas que nunca se tocan los genitales, pero tienen la mente putrefacta. Entonces, ¿el problema está en tocarse los genitales o en albergar pensamientos impuros?

¿Es impuro un pensamiento por ser sexual?

Si contestamos que sí, negamos la dimensión sexual. Los pensamientos sexuales forman parte del bagaje de la mente. Si el problema son los pensamientos impuros, debemos reconocer que muchos que no se masturban están llenos de pensamientos de ese tipo y otros que se masturban pueden que no. ¿Dónde radica el pecado? Si todos convenimos que es en los pensamientos impuros, condenemos la impureza, ya sea que exista o no masturbación.

¿Qué dice la Biblia acerca de la masturbación?

La Biblia no dice nada acerca de la masturbación. Es un tema total y absolutamente ignorado. Algunos citan el pasaje de Génesis 38:8-10 para referirse a la masturbación, pero es impropio. Según el relato bíblico, Onán debía tener un hijo con la viuda de su hermano que se consideraría como descendencia del fallecido (ley del levirato). Onán, sabiendo que la descendencia no sería suya, vertía en tierra (eyaculaba afuera). El pecado radicaba en su motivación, en su egoísmo, en afrentar la memoria de su hermano al negarle un hijo que continuara su familia. Este relato no hace referencia a la masturbación de manera directa ni indirecta, porque Onán mantenía relaciones sexuales con la viuda de su hermano, pero ‘terminaba afuera’.

Ya que la Biblia no prohíbe expresamente la masturbación, la pregunta correcta no sería: ¿es pecado masturbarse? sino regirnos por otro principio bíblico contenido en el Nuevo Testamento: ¿me conviene? Pablo escribe: “Todo me es lícito, pero no todo conviene; todo me es lícito, pero no todo edifica”. 1ª Corintios 10:23. Ya que hemos sido llamados a libertad y todo nos es lícito, nuestra pregunta no debería ser: ¿qué hay de malo en masturbarse? Si no, ¿me conviene masturbarme? ¿Me hace bien este hábito? ¿Me edifica? ¿Es lo mejor para mí? Hemos sido llamados no solamente a distinguir lo bueno de lo malo, sino lo bueno de lo mejor. Como cristianos comprometidos con la madurez espiritual, deberíamos escoger siempre aquello que representa lo mejor.

El ejercicio del dominio propio en relación con el deseo sexual se puede cuantificar en este comportamiento. Cuando una persona, por convicción personal, no se masturba para elegir otro valor que considera superior, como la santidad o la comunión íntima con Dios, fortalece su carácter y autodominio, es decir, crece espiritual y emocionalmente.

La Declaración Internacional de los Derechos Sexuales incluye entre sus artículos el derecho a no tener práctica sexual alguna, en caso de decidirse así. Se ha comprobado que la no práctica sexual no acarrea enfermedades ni genera conflictos, siempre que sea elegida voluntariamente y no impuesta por otros.
Enseñar el dominio propio y alentar a la madurez espiritual son objetivos a los que se debe perseguir con tesón y fervor. Dios está de nuestro lado.