¿Jesús habló o no de la homosexualidad?

¿Jesús habló o no de la homosexualidad?

Los que aprueban la homosexualidad alegan que Jesús nunca mencionó el tema por considerarlo irrelevante. Estas personas están mal informadas. Jesús no vino para abolir las enseñanzas del Antiguo Testamento, él mismo dijo que vino a cumplirlas, Mateo 5:17. La única vez que modificó las leyes del Antiguo Testamento no fue para rebajar sus exigencias sino, para realzarlas. En el Sermón del Monte, elevó a la categoría de adulterio el mirar con lujuria a una mujer que no sea la propia esposa, es decir que estableció la posibilidad de adulterio sin contacto físico, Mateo 5:28.

Jesús expresó su postura condenatoria hacia la homosexualidad cuando se refirió al divorcio, Marcos 10:1-12. Estableció con meridiana claridad que el matrimonio debía estar formado por un hombre y una mujer, versículo 6. No dio lugar a otra interpretación. Por lo tanto, decir que Jesús hizo silencio sobre la homosexualidad, es ignorar las Escrituras.

Además, Jesús condenó la fornicación. “…Cualquiera que repudia a su mujer, salvo por causa de fornicación, y se casa con otra, adultera; y el que se casa con la repudiada, adultera”, Mateo 19:9. La palabra ‘fornicación’ en el original es ‘porneia’, que significa ‘relaciones sexuales fuera del matrimonio’. Fornica el que adultera, el que tiene relaciones sexuales prematrimoniales y fornica también, el que tiene relaciones homosexuales. En Judas 7 se usa la palabra ‘fornicación’ cuando se hace alusión a Sodoma y Gomorra; evidentemente en referencia a la homosexualidad.

La sexualidad se forja a través del tiempo, mediante decisiones y elecciones. Recuérdalo: ¡Dios no crea a los homosexuales! Si lo hiciera, Él no tendría por qué juzgar su conducta como pecaminosa, algo que hace repetidamente en su Palabra (Romanos 1:26-27; 1ª Corintios 6:9-11; 1ª Timoteo 1:9-10, etc.).
Kinsey y sus colaboradores, al igual que Freud, después de muchos años de investigación y observación, concluyeron que los seres humanos nacen con la capacidad de responder eróticamente a cualquier sexo, y que los condicionamientos o factores sociales predispondrían la preferencia de uno sobre otro sexo.

Reconocieron que todo ser humano tiene la capacidad de responder eróticamente a una persona del mismo sexo, si se daban las circunstancias propicias y la oportunidad. Por eso, consideraron que los términos ‘homosexual’ y ‘heterosexual’ no son adecuados; en su lugar, toda persona debería reconocer el hecho de que es potencialmente ‘bisexual’.

Este concepto encuentra respaldo en la realidad. Muchas personas abusadas sexualmente por otras del mismo sexo, que en el momento del hecho han sentido placer, terminan en el mundo de la homosexualidad por creer que eso que han sentido determina su homosexualidad, sin conocer que el cuerpo humano ha sido diseñado para sentir placer, independientemente de quien lo toque. Si se lo hace en el lugar correcto y de la manera correcta, despertará sensaciones agradables y eso no significa que sea o vaya a ser homosexual, significa que es absolutamente normal. De modo similar, las personas que han sido abusadas por alguien del otro sexo y, en el momento del hecho han sentido asco o repulsión, pueden que se internen en la homosexualidad para escapar del abusador, creyendo que todas las personas de ese sexo son iguales.

Esta gran confusión se ve reforzada por un mito entre los adolescentes que dice: “varón, varón, es aquel que probó y volvió”, dando a entender que uno necesita tener una experiencia homosexual para saber si es o no un ‘verdadero hombre’. Esto es muy peligroso por lo que dijimos anteriormente acerca de que el cuerpo fue creado para el placer. Muchos jóvenes por sentir placer en una relación homosexual asumen que son homosexuales.

Existe una clara diferencia entre sentirse atraído eróticamente por personas del mismo sexo y tener sexo con ellas. La primera, no es una elección; la segunda, sí lo es. Una persona no es responsable por lo que siente, pero sí por lo que hace. Martín Lutero dijo: “No podemos impedir que las aves vuelen sobre nuestra cabeza, pero sí que hagan nido en ella”. El ser tentado no es pecado, ceder a la tentación, sí lo es. Ahora bien, no avalamos los pensamientos o las fantasías homosexuales, como tampoco lo pensamientos lascivos de cualquier persona heterosexual. “Así como la mayoría de los hombres luchan toda la vida en contra de los pensamientos adúlteros para no infringir el mandamiento del Señor de no ‘codiciar a una mujer’, los que tienen sentimientos homosexuales tienen que cuidar sus mentes y corazones diariamente o nunca desarrollarán la mente pura que la Escritura nos enseña a buscar”, Tim LaHaye.

La Biblia otorga esperanza a aquellos que desean salir de la práctica de la homosexualidad. 1ª Corintios 6:9-11 dice que algunos de los miembros de la iglesia en Corinto habían abandonado la homosexualidad con éxito, al ser lavados, santificados y justificados por la fe en Jesucristo.