Factores que limitan la enseñanza de sexualidad.

Factores que limitan la enseñanza de sexualidad.

Algunos padres rechazan cualquier manifestación de la sexualidad en sus hijos y se horrorizan, como si no fueran humanos.

Otros, como padecen ellos mismos diversos problemas sexuales, no pueden abordar el tema porque la angustia los supera. Si éste es su caso, acuda a un profesional. El crecimiento en su vida personal redundará en beneficio propio y también en el resto de los suyos.

Finalmente, los más positivos, aunque tienden a evaluar sanamente las expresiones sexuales del crecimiento de sus hijos, todavía conservan muchas dudas acerca de cómo actuar.

Si usted reconoce que este tema lo pone tenso; que el sólo pensar en que tendrá que hablar con sus hijos acerca de sexo le disgusta, haga el siguiente ejercicio: vaya a un lugar tranquilo en el que nadie lo interrumpa y, con serenidad, analice la lista que se enumera a continuación, tratando de descubrir lo que no puede ver a simple vista.

¿No me siento capaz ni competente para enseñar porque yo mismo no he recibido instrucción acerca del tema?

¿Estoy gobernado por el tabú: “de sexo no se habla”?

¿Considero que, por ser “natural”, no necesita enseñarse? Sin embargo, comer o ir al baño son cuestiones naturales y sí se enseñan.

¿Creo que el tema no es relevante? Quizás para mí no sea importante, ¿pero para mis hijos?

¿Estoy descalificado por el mal ejemplo de vida? ¿Tengo miedo de que mi hijo me diga: “no puedo escuchar tu voz, porque tu vida me habla demasiado fuerte”?

La finalidad de este ejercicio personal es identificar la razón que nos impide avanzar. No queremos traer condenación o culpa pero, para corregir un mal, primero debemos conocer la causa. Hoy es un día nuevo, podemos iniciar el cambio y superarnos a nosotros mismos. Dios está de nuestro lado y nos alienta para que, siendo padres preparados, eduquemos a hijos vencedores.

CARTA DE UN NIÑO A SUS PADRES

Queridos papis:
Mis manos son pequeñitas, no esperen perfección cuando tiendo la cama, hago un dibujo o tomo la sopa.
Mis piernas también lo son. ¡Por favor!, caminen más lento para que pueda ir con ustedes.
Mis ojos no han visto el mundo; déjenme explorarlo, no me limiten innecesariamente.
Mi alma es tierna, tengan paciencia para explicarme las cosas; y háganlo con alegría.
Mis sentimientos son frágiles. No me regañen todo el día, no les gustaría que yo les hiciera lo mismo si fueran viejos.

Soy un regalo especial de Dios, cuando duermo y cuando estoy despierto, cuando río y cuando lloro, cuando soy obediente y cuando me porto mal. Atesórenme como él quiso que lo hicieran.

Respeten mi persona, aunque sea chiquito. Valoren mis avances. Alienten mis progresos. Ustedes tienen el poder de sacar lo mejor de mí.

Necesito que me brinden apoyo y entusiasmo, quiero contagiarme de las emociones positivas de ustedes, en vez de contagiarme de gripe o de anginas.

Denme libertad para equivocarme con cosas pequeñas. Enséñenme que un fracaso no es el final; permitan que pueda aprender de mis errores. Así, algún día, estaré preparado para tomar decisiones sin temor, porque aprendí que lo malo no es mi final, sino un nuevo comienzo.

Por favor, no lo hagan todo ustedes. Acepten mi aporte; de otro modo, sentiré que mis esfuerzos no cumplieron con sus expectativas.

Sé que es difícil, pero no me comparen con otros; yo soy yo.
No teman alejarse de mí por un corto tiempo. Los niños necesitamos vacaciones de los padres, así como los padres necesitan vacaciones de sus hijos.

Denme ejemplos de vida espiritual para que en mi futuro disfrute lo bueno de Dios.

Recuerden que me enseñarán lo que ustedes saben, pero aprenderé de lo que les vea hacer, porque uno enseña lo que sabe, pero reproduce lo que es.

Muchas gracias, papá y mamá, porque estoy seguro de que harán su mejor esfuerzo.
Con todo amor, su hijo.