El consumo de pornografía estimula la práctica sexual.

El consumo de pornografía estimula la práctica sexual.

Nuestras encuestas demostraron que el 93% de los que consumieron pornografía homosexual tuvieron luego práctica homosexual. Lo mismo es válido para el abuso sexual infantil: 9 de cada 10 personas condenadas por pedofilia han visto pornografía infantil antes de cometer el abuso.14
Otro dato interesante aportado por nuestra investigación es que el 97% de las personas que tuvieron relaciones sexuales con animales (bestialismo) habían visto pornografía con animales antes de cometer el hecho. En definitiva, la exposición recurrente a la pornografía genera nuevos deseos; o en palabras de los jóvenes, ‘te formatea la cabeza’.

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La pornografía genera fantasías sexuales. Cuanto más se mira, más se desea; y cuánto más se desea, mayor la probabilidad de llevar a la práctica un determinado comportamiento sexual.

Las fantasías homosexuales generadas por el consumo de pornografía homosexual producen apetitos homosexuales que conducen a experiencias homosexuales. Los pensamientos producen sentimientos y éstos son el puente para la experiencia. Pensamientos, sentimientos y experiencia. Con cada experiencia homosexual se refuerzan los pensamientos placenteros, lo cual produce más ‘ganas’ y, por lo tanto, se termina teniendo más comportamiento homosexual.

“¿Quién se tomaría un vaso de agua sabiendo que tiene unas gotas de veneno? Nadie en su lucidez mental lo acercaría a su boca para ingerirlo por el hecho de que lo podría enfermar. Es igual con nuestra mente. Lo que consumimos con nuestros oídos y nuestra vista puede enfermarnos, crear adicciones y obsesiones. La pornografía es el SIDA mental que, de a poco, va matando los principios morales hasta volverte un esclavo de ella. Nuestra mente es como una esponja, absorbe todo lo que se le acerca. Lo que entra en la mente de alguna forma vuelve a salir”.

El cuerpo es siervo de la mente y la mente puede condicionarse y dirigirse. John White explica: “Una vez que experimentes placer físico con una persona del propio sexo, es más probable que quieras experimentarlo de nuevo. Cuanto más frecuentemente tengas la experiencia, más se fijará el patrón. Lo que hago determina lo que soy, tanto como lo que soy determina lo que hago”.

La mente es como una computadora, responde de acuerdo a los patrones de información que han programado en ella. “Si tú sientas a un niño de cinco años frente a un televisor y lo dejas mirar televisión chatarra por diez horas al día, ¿qué canciones crees que cantará, y hacia qué productos crees que correrá en el shopping? Es posible programar el pensamiento de la gente. Los gobiernos han demostrado por milenios que se puede controlar el pensamiento de la gente en gran medida al controlar los procesos educativos y las fuentes de información que reciben. Cuando el Dr. Pavlov tocaba una campana antes de alimentar a sus perros, no pasó mucho tiempo antes de que los perros salivaran ante el sonido de la campana, ¡no al ver la comida!”.16

Si una persona ha estado alimentando su mente con pornografía homosexual, participando en actividades homosexuales, asociándose con personas que lo impulsan al mundo de la homosexualidad, ¿cuánto tiempo crees que pasará antes de que su cuerpo responda de una manera homosexual?

Cierta vez un joven se acercó al gran evangelista Billy Graham y le hizo el siguiente comentario: “Pastor, a veces tengo la sensación de que dentro de mí hay dos perros, uno bueno y otro malo. Hay momentos cuando pienso que el perro bueno va ganando la batalla y otras veces siento que el perro malo gana. ¿Qué tengo que hacer?”. Sabiamente, el anciano predicador, le dijo: “Deja de alimentar el perro malo. Mátalo de hambre”.
Mirar pornografía es alimentar el ‘perro malo’. El único modo de escapar y no llevar a la práctica el deseo alimentado por las imágenes pornográficas es dejar de consumir pornografía. Somos lo que pensamos. Pero a menudo no nos damos cuenta de que podemos controlar nuestros sentimientos mediante el control de los pensamientos. De lo contrario, pueden llevarnos por un camino que nos separa de la presencia de Dios.