Verdades de la pornografía (2ª Parte)

Verdades de la pornografía (2ª Parte)

La pornografía es, por sobre todas las cosas, una gran mentira. Todo lo que se ofrece es un estimulante sexual, por lo que además de ser una gran mentira es una forma reducida y empobrecida de la sexualidad. Pero lo que es peor, va dejando imágenes acumuladas en el cerebro que llevan a rememorar lo visto y creer que eso puede ocurrir o suceder en algún momento de la vida. Poco a poco va determinando por asociación ciertas apreciaciones erradas como parámetros referenciales de lo esperable en la sexualidad. Surge como consecuencia la frustración por lo cotidiano, el deseo de experiencias similares y la pérdida de tabúes sociales.
Todo es mentira. La representación de un hombre que puede eyacular diez veces en una hora, que tiene genitales enormes o logra expeler semen a tres metros de distancia y en cantidades exorbitantes es una gran mentira. Todo el circo que se presenta es demasiado extraordinario como para que resulte creíble.

Además la pretensión de que el sexo puede disociarse del resto de la vida (nos referimos no sólo que intenta disociar el deseo sexual de toda otra emoción, sino que intenta disociar el sexo de las cuentas por pagar, las obligaciones del día a día, el lavado de sábanas, la profilaxis, la higiene, etc.) es una gran farsa. Es verdad que ofrece sexo sin preámbulos, pero todo productor de pornografía sabe que el sexo por sí solo, sin contexto, sin referencia, sin excusas es una mercancía sin valor de reventa. En otras palabras, sólo suscita un interés pasajero y efímero. Lo qué asegura las ventas no es el sexo sino la obscenidad (venden más las representaciones de actores o actrices reconocidos ‘cazados’ infraganti ‘haciendo cosas’ que actores pornográficos haciendo malabarismos sexuales). La pornografía necesariamente debe ofrecer una transgresión al pudor y una invasión de lo privado, de otro modo no seguirá vigente con el tiempo.

En definitiva, todo es una gran mentira. “¿Hasta cuándo, señores, no querrán entender? ¿Por qué aman la falsedad y buscan la mentira?”, Salmo 4:2. ¿Desde cuándo los cristianos aceptamos estos parámetros referenciales para nuestra intimidad? “Desecha la mentira” es la recomendación bíblica. Por ello debiéramos rechazar no sólo la pornografía sino toda propaganda y gran parte de las noticias que comunican los medios masivos de información. En un tiempo de confusión social debemos aprender a distinguir la verdad de las incontables mentiras.