Verdades de la pornografía (1ª Parte)

Verdades de la pornografía (1ª Parte)

  1. La pornografía no es tanto ‘sexo puro’ como sí una demostración de poder. Por ello en sus orígenes las personas desnudadas siempre correspondían a grupos vulnerables, ya sea por su sexo, condición social, origen étnico, etc. Hoy  sigue vulnerando sobre todo a las mujeres en la representación totalmente ficticia de su sexualidad. La pornografía deifica el poder del ojo y reduce a sus protagonistas en objetos. La mirada pornográfica es un ejemplo grosero del poder masculino en una sociedad que sigue oprimiendo a las mujeres. La idea de representar a mujeres desnudas y simpáticas que disfrutan permanentemente es justamente la figura que muchas mujeres temen que tengan los hombres cuando las miran. Nada está más alejado de la realidad en nuestra sociedad que la mirada pornográfica. Hoy el acoso, la violencia sexual, la violencia conyugal, la desigualdad de oportunidades y de salarios asociados al sexo femenino es suficiente mal para agregar burdamente la ‘educación’ de las generaciones más jóvenes en el perfil que brinda la pornografía acerca de lo que sería una mujer.
  2. Lo pornografía no tiene acceso real a las situaciones que pretende crear. Debemos reconocer que con los avances de los medios audiovisuales es muy fácil mostrar sexo por imágenes reales, pero lo que asegura la venta es la posibilidad de la intrusión, es decir de sorprender a los protagonistas en situaciones sexuales, lo cual es totalmente inauténtico, simulado y fingido. La pornografía no puede mostrar hechos excepcionales, como personas reconocidas en situaciones incómodas. Sólo se limita a mostrar personas que se dedican a ese rubro en demostraciones propias de su tarea. La pornografía no inventa, no descubre ni crea, sólo miente.
  3. La pornografía se inscribe en un tiempo de incertidumbre en lo relacionado a lo verdadero y lo falso. El esfuerzo para crear los excesos imaginables, el invertir los roles habituales, el crear fantasías alternas a la realidad, lo único que hace es reafirmar la normalidad, siempre y cuando la sociedad pueda distinguir claramente la verdad de la mentira, pero lamentablemente en un tiempo de permanentes cambios y ataque frontal a los valores tradicionales, esa distinción resulta incierta y por ende, la realidad es confusa. Las fabricaciones de verdades falseadas es el corazón de todo negocio. Desde las decoraciones temáticas de los comercios (por ejemplo pescaderías con redes, timones o partes de un barco) hasta la realidad sustituta a lo real que ofrecen los medios (un naufragio en un estudio de grabación). Hoy no podemos distinguir frente a las noticias que nos presentan los medios de comunicación cuánta de esa información es verdad y qué proporción de la misma es mentira y responde a intereses creados (la mayoría de la población creerá la información vertida sin filtro alguno). En el campo del pudor que justamente es el que explota la pornografía, el hiperrealismo de las imágenes tendrá por efecto muchos ‘engañados’ en su concepción de la sexualidad, qué esperar, qué pedir, cómo actuar. Recordemos que la pornografía apunta fundamentalmente a los adolescentes, de ahí que el grave efecto deletéreo en su sistema de valores, tales como la virginidad, la monogamia, el amor romántico sexual, la capacidad de respuesta de cada sexo, el gusto de ciertas prácticas, etc.

Cuántas verdades falseadas para meditar. En la próxima entrega terminaremos de conocer las verdades de la pornografía