Travestismo y Transexualidad

Si una persona travestida asiste a un culto, podemos optar por dos formas diferentes de actuar:

– Evitamos intencionalmente el uso del género femenino o masculino, o bien,

– Pedimos a la persona que nos aclare su nombre. La identificación que esa persona haga de sí misma es la que usaremos para referirnos a ella. Si es un hombre vestido de mujer y dice llamarse Lola, la llamaremos Lola. De esta manera expresamos un
verdadero respeto, no hacia el nombre sino hacia la persona portadora de ese nombre, sea femenino o masculino. Siempre que asista a las reuniones generales, debemos mostrar verdadera aceptación, amor y respeto. Si pide ministración personal, será ministrada por el sexo del cual aparenta ser. Si es un hombre travestido como mujer, quien debe orar por esa persona es una mujer.

Estamos convencidos de que una persona travestida encontrará el verdadero amor en el seno de la iglesia, ¿lo crees tú? Si eres parte de la iglesia es tu responsabilidad que así ocurra.

Ahora, avancemos con el caso hipotético e imaginemos que esa persona acepta a Cristo y quiere formar parte de la congregación. No debe negarse la comunión y debe comenzarse el discipulado personal, igual que cualquier otro creyente nuevo.

Recomendamos que quien discipule a una persona travestida sea un creyente lleno del Espíritu Santo, en comunión con Dios y la iglesia y que esté revestido de amor. Si es un matrimonio, mejor todavía.

Poco a poco, iremos compartiendo toda la riqueza del evangelio, permitiendo que esa persona tome las decisiones que el mismo Espíritu la guíe, recordando la paciencia que Dios nos tiene a nosotros para poder tratar del mismo modo a los demás. Cuanto más cerca estamos de Cristo, más indignos nos sentimos, y este sentimiento, es el que permite que veamos a cada ser humano como iguales a nosotros, no como mejores o peores. El que no tengamos un problema en lo sexual no significa que seamos mejores cristianos.

Cuando gozamos de confianza con esa persona podemos abrir nuestro corazón, en el caso de que nos sintamos a disgusto o con cierta objeción de conciencia, al tratarlo como mujer cuando es un hombre travestido, pero debe surgir de la honestidad más sincera, no de lo que sea “correcto o incorrecto”, ya que para los travestidos resulta muy amenazador los discursos tradicionales. Si ha de ocurrir un cambio, debe existir una razón más fuerte que la simple aceptación social.

Al expresar esto, alguno pensará que estamos diluyendo el evangelio o las demandas de la Palabra de Dios, pero antes de que se nos juzgue de ese modo, por favor, piensa que te estás relacionando con alguien por el cual Cristo murió. ¿Cómo tratarías algo que a él le ha costado tanto? Nosotros no queremos ser de perdición para nadie y sabemos que tú tampoco, por eso recomendamos el amor por encima de cualquier cuestión.
Muchas personas travestidas aceptarán de buena gana que los llames con el nombre de nacimiento, si están absolutamente seguros de que los amas entrañablemente y que el problema del nombre no es problema de ellos, sino tuyo. Respetarán que los llames como nacieron. Ten paciencia, para estas personas, llegar a donde llegaron les llevó mucho tiempo y, a menos que Dios haga un cambio instantáneo (lo cual puede ocurrir), a muchas les llevará tiempo despertar a la obediencia y a la comunión con el Espíritu Santo.

A medida que vayan creciendo en su relación con Cristo, las personas travestidas irán cambiando su comportamiento; pero nada ocurre por presión religiosa, todo debe surgir por voluntad propia en el deseo de obedecer al Espíritu. De otro modo, los resultados no serán duraderos.

Si estás interesado en este tema te recomendamos la lectura del libro “Cuestión de género”, disponible en nuestro sitio web.