El mundo secreto de la pornografía 2

El mundo secreto de la pornografía 2

¿Cómo se relaciona la pornografía con la política? ¿Y con la iglesia?
Este tema es delicado. Se espera que la política no promueva la pornografía ni la defienda, porque en la opinión pública se provocaría un gran desprecio hacia la clase dirigente como promotora del libertinaje, del exceso, de la explotación de la mujer, etc.
Por otra parte es inadmisible que se relacione a la pornografía con la iglesia, porque la pureza sexual y el recato que propone justamente ella se opone de modo extremo a la oferta de la pornografía. Por esta razón es que a partir de un ideario social religioso surge la pornografía, como si fuera la contracara. ¿Por qué tantas películas hacen alusión a la vida de monjes/as o de alguna secreta orden religiosa? Se explota lo prohibido, en un intento de despertar curiosidad, aunque tenga que apelar a la inversión de lo cotidiano, a la mentira o a cualquier cambio en los roles esperados, nada importa, sólo el consumo.

¿Por qué se desdeña y se consume de modo masivo?
Porque la pornografía no trata de cuerpos desnudos mostrando actos íntimos sino de mensajes comunicados con lectura diferente según los colectivos que se considere. Para las feministas, en muchos casos, es un insulto a la mujer; para los clérigos un insulto a los valores proclamados, para las autoridades civiles un problema social con ribetes delictivos, para las minorías o una oportunidad para expresar su sexualidad o para desafiar los valores sociales imperantes, para muchos hombres un modo de excitación fácil sin preámbulos ni accesorios, para otros el ver experiencias que no viven en lo cotidiano ni vivirán en lo extraordinario, etc.

¿Debería ser socialmente aceptada? ¿Debería ser censurada? ¿Bajo qué criterio? ¿El social determinado por el consumo? ¿El moral basado en las buenas costumbres? ¿El que pregonan los pornógrafos? ¿El de sus detractores?
Las preguntas son muy interesantes, sólo que la respuesta se inscribe en un tiempo social especial. Querer eliminar la pornografía en la supremacía de las TIC (Tecnologías de la Información y la Comunicación) es sencillamente imposible. Querer intervenir en el mundo de las comunicaciones virtuales sería invadir el espectro del mundo privado en grados inadmisibles; pues bien, ¿la única opción es aceptarlas? Esa es una solución facilista, pero en definitiva, la que se está tomando a nivel de muchos gobiernos. Esto es preocupante. Por ello urge que los adultos ejerzan responsabilidad en el acceso de los niños a la información, además de la necesidad de educarlos en el manejo de las TIC.

La accesibilidad al consumo sin restricciones es la nota fundamental de la pornografía en el siglo XXI. A nadie parece importarle sus efectos; ya sea sobre las vivencias de la sexualidad, sobre los nuevos deseos que puedan despertarse o sobre el impacto en las relaciones interpersonales con la sexualización de los vínculos. A nadie parece importarle el riesgo a la adicción, el consumo en niños y/o adolescentes, los problemas maritales que surgen por deseos diferentes entre el esposo y su esposa. Lo único que alarma a la sociedad en el tiempo de la extrema tolerancia hacia los excesos es el intento de censura. ¿De dónde surgirá todo esto?

El mundo espiritual tiene sus maneras de expresarse. La Biblia habla del amor, la pornografía sólo del deseo. La Biblia propone la santidad, la pornografía invita a la promiscuidad. La Biblia insta a la monogamia, la pornografía incita a las parejas múltiples. La Biblia deja ver el ideal de Dios para el amor romántico-sexual, la pornografía expresa el libertinaje, todo tipo de exceso y festeja las depravaciones como si fueran diversiones pasibles de ser defendidas. ¿De dónde surgirá todo esto?