El mundo secreto de la pornografía 1

El mundo secreto de la pornografía 1

¿Por qué se produce tanta pornografía?
La respuesta es simple: porque se vende y para quien la produce es un negocio con rentabilidad elevada y asegurada, con un costo de producción relativamente bajo.

¿Por qué se vende como pan caliente?
Esbozaremos una respuesta coherente, pero de ninguna manera abarcadora de las distintas razones que mantienen vivo este fenómeno social:
1) La pulsión sexual es poderosa y, queramos o no, el tema sexual ha promovido cambios sociales a tal punto que se convirtió en el ‘motor de la historia’, sino social al menos personal.

2) Todas las facetas de la vida humana están atravesadas por la sexualidad. De ahí que hablar de sexo es hablar de personas, historias, concepciones, valores, deseos, intereses, etc.

3) La pornografía permite, por medio del uso de imágenes reales, la creación de fantasías alternas a lo cotidiano. Los roles adoptados o los personajes presentados pueden ser contrapuestos a lo tradicional, permutados a conveniencia, modificados en base a preferencias personales, maximizado hasta el ridículo, explotado sin razón y mostrado sin pudor. Se publicita como la transgresión más extrema o la presentación más osada. El consumo deriva del estímulo a lo prohibido, de prometer sexo sin agregados, distracciones o tabúes. La hiperrealidad de las imágenes cautiva los sentidos, haciendo de esa fantasía la máxima verdad acerca del sexo. Es imposible competir con la pornografía; ninguna experiencia humana sexual se homologa a las imágenes presentadas en una película o revista. La pornografía explota la belleza, la sensualidad y el imaginario popular en el deseo de llenar espacios de la vida con experiencias que en lo cotidiano no pueden reproducirse.

¿Por qué es tan útil para los publicistas a la hora de ofrecer cualquier cosa?
Muchos conocen las fórmulas aseguradas del éxito comercial. Si uno indaga en la historia de la pornografía (tal como se conoce en la actualidad) puede ver que sus inicios, asociados a la aparición de la imprenta y la masificación de la información, aseguraban a los periódicos una excelente venta cuando hacían énfasis en escándalos sexuales de ricos o gobernantes. Ejemplos: a fines del siglo XVIII, los periódicos multiplicaron sus tiradas de modo exponencial al ofrecer la historia de la infidelidad del duque de Cumberland con lady Grosvenor. Otro caso es el de Francia durante la revolución. Escribir acerca de la impotencia de Luis XVI y el lesbianismo de María Antonieta generó parte de la revuelta social y algunos de los sentimientos más contrarios al régimen aristocrático. El sexo siempre permite la creación de seres despreciables en el imaginario popular, a la vez que suscita contiendas por aquellos que abrazan las especulaciones y se lanzan a hacer ‘justicia’ sin importar mucho la verdad, sólo la imagen proyectada por los vendedores de historias.

Volviendo al tema de los publicistas, ellos saben que pueden asegurar ingresos elevados con una fórmula simple: explotación del escándalo con ribetes sexuales y detalles minuciosos capaces de despertar la imaginación de los que acceden al relato, las imágenes o las publicidades. Es más, muchos programas de chimentos, con amplio consumo, chabacanes, sin sustancia ni reflexión, deben su ‘éxito’ a la explotación de esta faceta que saben que generará consumo. Esta es la razón por la que el sexo vende desde cosméticos, productos de limpieza, artículos del hogar, hasta viajes, autos y los más variados servicios o productos.