¿Qué dice la Biblia acerca de la masturbación?

No dice nada. Es un tema total y absolutamente ignorado. Algunos citan el pasaje de Génesis 38:8-10 para referirse a la masturbación, pero es impropio. Según el relato bíblico, Onán debía tener un hijo con la viuda de su hermano que se consideraría como descendencia del fallecido (ley del levirato). Onán, sabiendo que la descendencia no sería suya, vertía en tierra (eyaculaba afuera). El pecado radicaba en su motivación, en su egoísmo, en afrentar la memoria de su hermano al negarle un hijo que continuara su familia. Este relato no hace referencia a la masturbación de manera di-recta ni indirecta, porque Onán mantenía relaciones sexuales con la viuda de su hermano, pero ‘terminaba afuera’.
Ya que la Biblia no prohíbe expresamente la masturbación, la pregunta correcta no sería: ¿es pecado masturbarse? sino regirnos por otro principio bíblico contenido en el Nuevo Testamento: ¿me conviene?
Pablo escribe: “Todo me es lícito, pero no todo conviene; todo me es lícito, pero no todo edifica”. 1ª Corintios 10:23. Ya que hemos sido llamados a libertad y todo nos es lícito, nuestra pregunta no debería ser: ¿qué hay de malo en masturbarse? Sino, ¿me conviene masturbarme? ¿Me hace bien este hábito? ¿Me edifica? ¿Es lo mejor para mí? Hemos sido llamados no solamente a distinguir lo bueno de lo malo, sino lo bueno de lo mejor. Como cristianos comprometidos con la madurez espiritual, deberíamos escoger siempre aquello que representa lo mejor y en cada uno de nosotros está la respuesta.
En el terreno del dominio propio se enmarca la decisión de dejar de masturbarse. No por obligación ni por imposición sino por una voluntad personal aplicada sobre el deseo sexual.

¿Es necesaria la masturbación para que crezca el pene?

El pene no es un músculo y su tamaño no cambia por la ejercitación. La frase ‘la función hace al órgano’, da a entender que es necesario ejercitar el pene para que se desarrolle, ya sea mediante relaciones sexuales o, en su defecto, por la masturbación. Si esto fuera cierto, entonces, ¿se equivocó Dios al mandarnos no tener actividad sexual antes del matrimonio? ¡Por supuesto que no! Está comprobado que la función eréctil del pene se mantiene en excelentes condiciones a través de un medio provisto por el mismo cuerpo: las erecciones nocturnas que ocurren durante el sueño profundo.