Los riesgos de la pornografía

Los riesgos de la pornografía

La pornografía es la actividad más rentada en el mundo después del armamentismo y el narcotráfico. Por tal razón, los negociantes del sexo intentan que sea bien vista y tratan de mojigatos a quienes la desestiman.

Coincidimos con Frank Pavesa cuando dice: “El contenido ideológico de la pornografía no viene a ser otro que convertir en fuente de placer la horrible explotación del hombre por el hombre, del fuerte sobre el débil…”. Se dice que el siglo XXI será conocido como el del tráfico humano. La premisa al respecto es que, la cocaína o las armas se pueden vender sólo una vez, pero una persona en el mercado del sexo o de la explotación puede venderse una y otra vez. La pornografía es dañina por muchas razones, entre ellas:

Denigra al ser humano. Las personas exhibidas se presentan como mercancía disponible para la venta. Siempre dispuestas, sin demandas, como objetos que pueden elegirse según el gusto del consumidor.

Pervierte la sexualidad. La pornografía no considera los sentimientos de las personas. No valora el amor, la ternura o la intimidad. Aunque se tienda a creer que mirar videos de alto voltaje es tan sólo una ‘travesura’, es muy peligroso. En el matrimonio, mirar juntos o por separado este tipo de material no los acercará; por el contrario, hará que se distancien cada vez más. A la larga, seas soltero o casado, la pornografía siempre será dañina.

Niega la realidad. Los pornógrafos están especialmente interesados en demostrar que la mujer y el hombre en cualquier momento, situación o estado, van a gozar con cualesquiera de las prácticas sexuales a las que se sometan. Proyectan una imagen irreal en que la mujer y el hombre disfrutan de una sexualidad libertina y aberrante. Desde el punto de vista fisiológico esto es imposible.

Genera conflictos conyugales. Habitualmente es el hombre quien solicita ciertas prácticas exhibidas y, cuando la mujer en la vida real no accede a ellas, se la tilda de estrecha y puritana, de reprimida o amargada, con lo que generan tensión y reproches en el matrimonio.

Aumenta la vulnerabilidad al VIH-SIDA. Entre las determinantes de riesgo para que una persona sea ‘más vulnerable’ se encuentran el elevado número de parejas sexuales, las relaciones sin protección, la facilidad de establecer contacto por Internet y el acceso a la pornografía.

Incita a la violencia sexual. Todos los ofensores sexuales tienen antecedentes de consumo de pornografía. La violencia y el sufrimiento físico son representados como una pantomima. El dolor de los protagonistas se presenta como un vehículo hacia el placer y el sufrimiento es un elemento de excitación sexual. Para mantener la novedad y no caer en el aburrimiento por la visión de las mismas prácticas sexuales, los pornógrafos se esmeran agregando nuevos alicientes en forma de mayor violencia y extravagancias: se introducen niños y hasta animales. Como decía Alice Scwazer, directora de la revista feminista alemana Emma: “Ya no les basta con ponernos medias de red, escote y orejitas de conejo, ahora nos tienen que atar, torturar y matar”. Parece que lo último en pornografía es el llamado cine masacre, o kiddi porno, donde se filman violaciones con muertes reales, torturas reales y descuartizamientos reales.

Es el camino hacia el pecado. Una mente saturada de pornografía buscará vehiculizar de algún modo el deseo surgido por esas imágenes. Santidad no sólo es dónde me encuentro, sino hacia dónde me dirijo.

Despierta deseos inimaginados. Todos los varones que incurrieron en prácticas homosexuales, antes de su primer contacto sexual, consumían con asiduidad pornografía homosexual. Lo mismo es válido para el abuso sexual infantil. Alrededor del 40% de los consumidores de pornografía infantil, se convertirán en abusadores de menores.
Tiende a producir adicción. Una de las más poderosas adicciones hoy en día es la pornografía. Hace desear más y más, como el alcohol o las drogas. Nunca es suficiente. La adicción paraliza la espiritualidad, pervierte la forma de ver el mundo, sexualiza los vínculos, deforma la vida social y destruye cualquier posibilidad de ser efectivos en el ministerio.

Concluimos diciendo que la pornografía no conviene y si alguno está en situación de riesgo para desarrollar una adicción o está inmerso en ella, es hora de buscar ayuda. En soledad no podrá, recuerde todas las veces que se dijo a usted mismo ‘no lo volveré a hacer’; sin embargo, recayó. No se engañe, no deje que su familia y todo lo bueno que haya en su vida se pierda a causa de su adicción. Busque ayuda y que sea hoy.