El poder de los pensamientos.

El poder de los pensamientos.

La mayoría de los casos en los que se ha hecho público algún comportamiento sexual impropio, él o la protagonista, minimizan lo que ocurrió de alguna manera: “es la primera vez que pasa”, “no le hice mal a nadie”, “no es verdad”, “no te fui infiel”… “No sé que me pasó”.

Esa última frase era la que repetía un pastor, después de haber sido denunciado por abuso sexual hacia una adolescente de su iglesia. “No te fui infiel”, le gritaba el marido a su esposa cuando la mucama lo expuso frente a la patrona por acoso. “No le hice mal a nadie, somos amigos”, fue el predicamento de él cuando ella descubrió mensajes muy hot en el celular que celosamente vigilaba. “No le hago mal a nadie” se dice a sí mismo el que entra en la red para consumir pornografía.

Minimizar es la clave y el gran clavo que impide todo cambio. Algunos, cuya conciencia no ha quedado cauterizada por el pecado, cuentan que vivir una doble vida es un infierno; pero para los más, el infierno recién se desata cuando su situación se torna pública.

En el primer caso que le relatamos, comenzó cuando ese líder fue separado de la iglesia, se inició la causa penal y fue endilgado como hipócrita por los hermanos que él pastoreaba y por sus propios hijos; cuando vio a su esposa quebrantada como nunca en la vida y a sus vecinos esconderse para no tener que saludarlo. Otrora, era la figura respetada del barrio.

Mientras fue secreto, parecía dominable. Craso error.

La peor equivocación y la más fatal, es no poner un categórico freno a la sexualidad; creer que uno puede controlarla cuando lo desee y darle “permisos” para desbocarse, también a voluntad. Y aunque el factor volitivo siempre está presente, la determinación para hacer lo correcto no siempre acompaña. Si la voluntad se va socavando por pensamientos impropios, terminaremos haciendo lo que la mente repasó como fantasías gratificantes muchas veces. La balanza de las acciones acabará inclinada hacia donde haya mayor peso. En otras palabras, si usted quiere arruinar todo lo que tiene (relaciones, familia, amistades, economía), si quiere estropearlo de verdad; entonces deje en libertad sus impulsos sexuales. Empiece jugando en su mente. Haga lo que sienta en el momento que quiera. Ese es el predicamento de hoy día. Así pensó un joven cuando “se le tiró” a su cuñada. Hoy, las familias no se hablan y unos cuantos parientes más sufren la desdicha.

¿Es ser pacato? Si piensa así es porque no ha visto los estragos de la falta de control. Observe a su alrededor y medite: ¿de dónde tantos conflictos matrimoniales, relaciones que no duran, sucesivas parejas, familias monoparentales?

Como siempre y en toda área, los deslices empiezan inocentemente, y van cambiando de matiz a medida que el proceso continúa. Quienes fueron descubiertos, una y otra vez, se lamentan por haber dado el primer paso, ya era el más fácil de evitar.

Nadie puede medir las consecuencias de los pecados a sabiendas ni conocer cómo impactará sobre nuestro futuro o el de los que amamos. Con el primer paso errado, la destrucción se ha iniciado. Sin embargo, es fácil corregirlo si ponemos freno y volvemos sobre nuestros pasos a la senda correcta. “Así ha dicho Jehová: Paraos en los caminos, y mirad, y preguntad por las sendas antiguas, cuál sea el buen camino, y andad por él, y hallareis descanso para vuestra alma”, Jeremías 6:16.

Repase sus pensamientos. Todos tenemos conversaciones internas. Mire el contenido de ellas. Escuche lo que el Espíritu Santo le susurra en su interior. Páselo por el cedazo de la Palabra. “Porque la palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que toda espada de dos filos; y penetra hasta partir el alma y el espíritu… y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón. Y no hay cosa creada que no sea manifiesta en su presencia; antes bien todas las cosas están desnudas a los ojos de aquel a quien tenemos que dar cuenta”, Hebreos 4:12-13.

Si lo que está pensando, el mismo Espíritu le da testimonio de que no es puro ni verdadero, si no lo podría decir públicamente; entonces deséchelo, no vale la pena. No le ayuda ni le ayudará, sólo lo hundirá. En cierta ocasión, un periodista le dijo a Carlos Spurgeon, predicador británico, que quería escribir su biografía. El señor Spurgeon replicó: “Usted puede escribir mi vida en el firmamento. No tengo nada que esconder”.
El secreto para la victoria es no empequeñecer el valor de un pensamiento. Jamás minimice. Usted decide qué pensar. Las acciones lo seguirán. ¿Qué elige?