Esperanza para los abusadores.

Esperanza para los abusadores.

El abuso sexual es un hecho muy grave.
La mayoría de los abusadores no se arrepienten, lo que determina una alta probabilidad de que repitan el abuso. Para la minoría que sí quiere cambiar, que reconoce que ha perpetrado un abuso, quizás muchos años atrás, nos sentimos en la necesidad de darles esperanza.

No arrepentirse por el grave pecado que se ha cometido al perpetrar un abuso, es cavarse la propia tumba; es caer bajo el juicio divino. Sin embargo, si se arrepiente, Dios puede perdonarlo. Las consecuencias por sus acciones no cambiarán, pero su destino eterno sí. Las buenas noticias consisten en que, por el hecho de que Jesucristo murió en la cruz y se levantó de entre los muertos, usted no se encuentra en una situación irremediable.
No pierda más tiempo. Si nadie sabe, pero usted sabe que esto pasó, arrepiéntase y tome la decisión de cambiar su forma de vida.

Si usted actualmente está abusando de una persona, sepa que está cometiendo un delito y un horrendo mal. Si deja pasar este día sin resolver su situación, está desperdiciando la única posibilidad de salida y está atrayendo sobre usted toda la ira de Dios, porque  él dijo que de los tales (niños y niñas) es el reino de los cielos, y agregó: “Le va a ir muy mal al que haga pecar a uno de estos creyentes a los que es fácil hacerles daño. Sería mejor que lo tiraran al mar con una gran piedra de molino colgada al cuello”, Marcos 9:42. (Palabra de Dios para Todos).
Dios es el defensor de los niños, niñas y adolescentes vulnerables. No busque que el cielo se cierre en su contra. Tiene que cambiar y arrepentirse. ¿Por qué no intenta ponerse en lugar de esa víctima inocente? Usted abusó de su confianza y de su poder, traicionó de modo vil y en más de un sentido.

El arrepentimiento es el primer paso, pero no el único. Si usted, como abusador/a, se relaciona de alguna manera con las personas que han sido sus víctimas, debe pedir perdón. Algunos se escudan diciendo que tal vez la víctima no se acuerde, pero ¿quién puede olvidar una experiencia de abuso? ¿Quién puede ser invadido en su intimidad y asumir que es algo ‘normal’?

La restitución es el segundo paso. Por medio de la restitución se trata de subsanar el mal cometido, haciendo alguna clase de bien por la persona que se ha herido. La reparación o restitución debe hacerse no a conveniencia del abusador/a, sino de acuerdo con la necesidad de la víctima. Busque la forma de cumplir con este principio y ser canal de sanidad para las personas que usted ha dañado.

El paso siguiente es experimentar la restauración. Usted no podrá devolverle a la persona que abusó lo que le ha quitado, pero puede evitar volver a cometer un hecho así. Usted es responsable de su restauración. Sí, como leyó, usted es responsable de su restauración. Dios quiere hacer con su vida una obra nueva, quiere cambiar su futuro y preservar a los niños y niñas para que usted no vuelva a abusar de ninguno.

Lo que usted está viviendo en el presente es el resultado de las decisiones que ha tomado en el pasado, eso no lo puede cambiar; pero lo que usted hará y será mañana depende de las decisiones que tome hoy. Sus decisiones determinarán su destino y, aunque las consecuencias no pueden ser cambiadas, no todo está perdido. Dios es lo suficientemente bondadoso como para perdonar cualquier cosa mala que hayamos cometido, no hay límites para el perdón de Dios. La Biblia nos asegura que, si arrepentidos nos volvemos a Dios, él es fiel y justo para otorgarnos su perdón. Un hijo sigue siéndolo aun cuando haya hecho algo penoso a los ojos de su padre. Por tanto, termine de condenarse. Haga las paces con Dios y con usted mismo. Atraviese las barreras de su pasado, con la firme de decisión de no volver a cometer un mal semejante.

No importa cuán mala haya sido o sea la condición de su vida y de su mente, ¡no se dé por vencido! ¡No deje que su mente lo lleve a pecar, ni deje que su deseo lo impulse a abusar de un niño! ¡Nunca jamás!

Un viejo clérigo escocés enseñaba que el diablo tiene dos mentiras que utiliza en dos etapas distintas. Antes de que se cometa un pecado, él insinúa que ése es un pecado pequeño, de poca importancia y que nadie se va a enterar. La segunda mentira consiste en que, después de haber pecado, él asegura que no existe remedio. Crisóstomo dijo: “Satanás destruye a algunos mediante el pecado; a otros, mediante una desmesurada tristeza que puede perdurar después del arrepentimiento por el pecado”.

Deseamos contarlo entre los transformados y no entre los reprobados, entre los que llevan esperanzan y sanidad y no entre los criminales que de manera secreta roban lo más preciado de la infancia: su inocencia. De lo que usted haga dependerá de qué lado estará.