El valle de las niñas madres

El valle de las niñas madres

Nuvia es la mamá más joven del siglo XXI.

Su historia es impactante, pero de ningún modo, una excepción. Nuvia fue violada por sus dos primos hermanos de 23 y 29 años, durante cinco meses. Jamás le contó a nadie lo que sufría casi a diario. Fue su secreto, hasta que tuvo ardor y punzadas en el estómago. “Me duele un poco la panza”, le dijo, en lengua quechua, a su madre. Ésta, preocupada, la lleva al centro médico más cercano, ubicado en la capital de Pachitea, Panao, Perú. Caminan dos horas entre malezas y viento. Cuando llegan, un doctor atiende a la niña. Le realiza el primer examen médico de su vida. Apenas coloca la mano en su vientre, descubre que el mal de la pequeña no es una enfermedad. El diagnóstico dice que Nuvia, de ocho años y apenas un metro treinta de estatura, espera un bebé. Es el embarazo más precoz de este siglo, y ella, de dar a luz, se convertiría en la madre más joven de la historia. Las violaciones persistentes coincidieron con el momento en que la niña ovuló. Es un fenómeno infrecuente, pero posible.

En agosto, trasladan a Nuvia a un refugio de monjas en Panao. Permanece oculta y protegida. El embarazo es complicado. A esa edad, su cuerpo está en pleno cambio. Crecerá apenas un poco más. Las glándulas mamarias se han desarrollado hasta alcanzar la dimensión de una mujer embarazada. El útero pasa de medir cinco a treinta centímetros. Al haber pasado el sexto mes de embarazo, el riesgo para el bebé es cada vez mayor. El cuerpo de Nuvia no está preparado para dar a luz naturalmente. El pronóstico médico es preocupante, es un embarazo de alto riesgo. El ginecólogo del hospital señala que el caso de Nuvia es absolutamente excepcional. “Un embarazo a esa edad”, afirma, “sólo puede tener dos razones: por una pubertad precoz, una posibilidad muy remota o porque la niña, por bastante tiempo, ha tenido relaciones sexuales. Así, el organismo alcanza una madurez a mayor velocidad y la menstruación aparece de repente”.

El 1 de diciembre del año 2006, coincidiendo con su noveno cumpleaños, una cesárea permite el nacimiento de un varón de dos kilos y medio. En el día en que debía recibir juguetes, la niña Nuvia se convirtió en la madre más joven del siglo.

1¿Sabía que la mayoría de las “mamás niñas” (menores de 13 años) tuvo sus hijos con varones de más de 20 años de diferencia? Es de suponer, entonces, que se trata del producto de hechos de coerción, abuso, violación o incesto.
¿Sabía que las víctimas de abuso son obligadas a guardar el secreto? Ya sea mediante la compensación (les dan golosinas, los llevan de paseo o les regalan dinero) o la amenaza mortal (“si se lo cuentas a tu mamá vas a destruir la familia”; “no te van a creer”; “voy a matar a tus hermanitos”), los abusadores se aseguran de la que víctima no los delate.

La historia que hemos compartido increpa los ánimos, moviliza. Pensar en una pequeña niña víctima de hombres tan malvados, nos hace reaccionar y desear justicia; verdadera justicia.

Nos sentimos tentados a preguntar: “¿Dónde estaba Dios?”, y esperamos que Dios haga lo que él nos ha delegado a nosotros: impartir justicia.

Muchos abusadores andan sueltos, robando la inocencia de cientos de niños y niñas. ¿Hasta cuándo lo toleraremos? ¿Hasta cuándo los vacíos legales y la ignorancia que fomenta más abusos? ¿Hasta cuándo…?

Hemos sido llamados a guardar, conservar, cuidar y retener integralmente la vida de nuestros niños y niñas.

Convertirse en un factor de protección para las víctimas de abuso sexual se ha transformado en el reto más importante para la iglesia. Asumamos nuestro rol profético denunciando el abuso sexual. ¡Rompamos el silencio!