Mi hijo ha sido abusado

Cuando los padres toman conciencia del abuso, resulta desgarrador. Pero la forma de reaccionar de los progenitores determinará, y en mucho, el futuro de su hijo/a abusado/a.

Es común reaccionar de manera pendular, entre dos extremos.

Por un lado, están aquellos padres que, tras escuchar el relato, intentan minimizar el hecho esperando que el niño/a lo “olvide”. Se oponen  tenazmente a que tome estado público porque creen que eso traumará al menor, cuando en realidad el trauma ocurrió en el momento del abuso. Tratar de silenciar el hecho agrega más dolor a la víctima que se siente ahora desamparada.

En el otro extremo, están los padres que se vuelven sobreprotectores, que son dominados por la ansiedad y la culpa y vivencian el abuso como un error de parte de ellos. Se llenan de ira, hablan constantemente del abuso y maldicen constantemente al abusador. La falta de serenidad y sentido común, generalmente agrega trauma sobre la víctima.
Papá, mamá, después de hacer la denuncia e iniciar el proceso judicial, no ponga todas sus esperanzas en el resultado del juicio. A su hijo/a, nadie le va a devolver la inocencia robada. Recuerde que el denunciar es una muestra de amor, para evitar futuras víctimas en manos de ese abusador/a.

El hecho de que su hijo/a haya hablado respecto de la experiencia de abuso es un indicador de buen pronóstico, ya que los traumas son menores cuando, a poco de acaecido el abuso, la verdad sale a la luz. En cambio, si la víctima guarda el secreto, generalmente las consecuencias son más severas y se sostienen en el tiempo.

El mejor consejo para ustedes es buscar ayuda en dos planos diferentes: uno, el profesional; otro, el espiritual.
A nivel profesional: Un psicólogo/a podría orientarles en las distintas etapas del camino que falta por recorrer.
A nivel espiritual: Busquen en Dios su socorro; inclúyanlo en el proceso de restauración. Dios se encargará de su causa, rectificará sus males y los colmará de bendiciones. Donde parece no haber futuro Dios abre siempre un camino de esperanza.

Permitir que Dios sane el pasado es una decisión sabia. Todos, en más o en menos, hemos sido heridos en el pasado. Vivir con un cofre lleno de recuerdos desagradables y situaciones sin resolver es prepararse para fracasar.
“Bienaventurados los que lloran porque ellos recibirán consolación”, Mateo 5:4. Traducido es: los problemas no duran para siempre. Díganlo en voz alta: “mi problema ya tiene fin”. Acostúmbrense a declarar con la boca y creer con el corazón que, cualquiera sea la dificultad, ésta ya tiene un día final.

No importa que tan malas sean las circunstancias o cuán doloroso haya sido el proceso vivido por el abuso. No importa cuántas personas con un corazón oscuro hayan intentado destruir a los que usted más ama, ni todo el infierno podrá lograr ese cometido, porque Dios tiene el poder de abrir fuentes de bendición en medio de la situación más seca y yerta. Él puede hacer que lo malo sea la oportunidad para tomar ventajas y recibir más bendición de la que jamás haya imaginado o soñado. En todos los problemas de la vida, no en algunas, sino en todos, Dios trae consolación. Eclesiastés 3:15 afirma: “…Dios restaurará lo que pasó”.

Como padres tomen un momento y oren para que todo lo vivido sea la puerta para que lo sobrenatural de Dios se manifieste y el enemigo huya avergonzado.