Modalidad: A Distancia​

Duración: 7 Semanas.​

¿LO QUE NECESITAS SABER?

Sobre este Curso

Los cambios sexuales son vertiginosos. Décadas atrás el sexo era un tema privado. Hoy en día se ha transformado en una cuestión que modifica estructuras sociales. Las preferencias a la hora de elegir compañero, la identidad sexual y el género, la diversidad sexual o sexualidades, las cirugías para el cambio de sexo el divorcio y re-casamiento, el matrimonio entre personas del mismo sexo, el lenguaje inclusivo, la violencia de género, el aborto y podemos seguir mencionando otros que vamos asimilando sin conocer la voluntad de Dios al respecto.

Objetivos

  • Honrar a Dios retornando al diseño bíblico para la sexualidad.
  • Descubrir los propósitos escriturales de la sexualidad.
  • Discernir las fortalezas espirituales que intentan destruir el modelo bíblico de la familia.
  • Comprender el alcance del tema y pelear las batallas con recursos espirituales.
  • Adquirir herramientas prácticas en el terreno del conocimiento sexológico que faciliten la tarea de aconsejar, acompañar, discipular y ayudar asertivamente en el área de la sexualidad y familia.
  • Revalorizar la sexualidad como un regalo de Dios en el vínculo del matrimonio.
  • Santificar la vida por medio de decisiones sexuales que demuestren el señorío de Cristo.
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EL CURSO

Toda persona, máxime si es pastor o líder, debería tener una mínima formación en temas relacionados con la sexualidad ya esta área trasciende mucho más allá de su propia experiencia o percepción. El abordaje que haremos en este curso siempre será espiritual y aplicable para los que aceptan el señorío de Cristo sobre sus vidas.

Las enseñanzas se enmarcarán en el vínculo de las familias. Aun cuando los temas se dirijan a personas individuales no podemos ignorar que las mismas están insertas en una realidad familiar determinada. De ahí que constantemente nos referiremos a la misma, independientemente del estado civil de la persona con la cual interactuemos.

Los cambios sexuales son vertiginosos. Décadas atrás el sexo era un tema privado. Hoy en día se ha transformado en una cuestión que modifica estructuras sociales. Las preferencias a la hora de elegir compañero, la identidad sexual y el género, la diversidad sexual o sexualidades, las cirugías para el cambio de sexo, el divorcio y re-casamiento, el matrimonio entre personas del mismo sexo, el lenguaje inclusivo, la violencia de género, el aborto y podemos seguir mencionando otros que vamos asimilando sin conocer la voluntad de Dios al respecto. Si nos ponemos a pensar, la familia ya no es solo heterosexual, el casamiento ya no es una institución sagrada, el sexo ya no equivale a género y en nombre de la autopercepción se mutilan cuerpos cuya genitalidad no tiene defecto anatómico alguno.

Pero no termina allí, porque podríamos pensar que todos estos cambios han contribuido a una transformación pluralista y con respeto hacia cada grupo en particular, sobre todo del ideario moral-sexual. Pero no es así, sino que sistemáticamente se denigran los principios bíblicos y se cercena nuestra capacidad de proclamar la verdad según la Palabra de Dios. Y ni qué hablar cuando en nombre de la libertad y haciendo caso omiso a las leyes de fondo que protegen a los menores de edad se enseñan estos “valores” o según la Biblia “antivalores” por medio de la literatura infantil, los dibujos animados y toda forma que permita la aceptación de este nuevo escenario en las generaciones más jóvenes. Debemos decidir qué hacer con la responsabilidad eterna que nos compete.

Abordar estos temas es adentrarse en una realidad espiritual sustentada por principados y potestades que a causa del pecado han crecido en fuerza. Por otra parte, las demandas de Dios en cuanto a la santidad de su pueblo no han cambiado. ¿Qué haremos pues con todo esto?

La batalla es titánica pero la mejor noticia es que Dios está con nosotros y su respaldo es todo lo que necesitamos. Los milagros, sanidades, nuevos capítulos llenos de esperanza y renovadas fuerzas en personas que han permanecido en la más densa oscuridad por años es nuestra máxima recompensa; a la vez que iluminar a los jóvenes y niños para que honren al Señor con sus decisiones en el ámbito de lo sexual nuestra magnánima tarea.